La Iglesia en el mundo

Es ilegítima pretensión de Maduro de jurar otra vez como presidente. Exhortación del Episcopado Venezolano: “lo que hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron” 09-01-2019

Exhortación del Episcopado Venezolano: “lo que hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron” (Mt 25,40)

 

1.- Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, con ocasión de la 111ª Asamblea Ordinaria, conscientes de nuestra responsabilidad espiritual y moral como ciudadanos y pastores, nos dirigimos al pueblo de Venezuela, al que pertenecemos y del cual somos servidores. Recibimos el año 2019, con la confianza puesta en Dios, como una buena oportunidad para el cambio que el país pide a gritos: la recuperación del Estado de Derecho según la Constitución y la reconstrucción de la sociedad venezolana, en dignidad, libertad y justicia para todos.  Queremos alentar la verdadera esperanza del pueblo, sustentada en el misterio de la Navidad que celebra que el Hijo de Dios se hace humano y pobre para hacernos más humanos y solidarios.

2.- Como pastores, tenemos la obligación de preguntarnos por el sentido ético de la gravísima situación que estamos viviendo. Nuestras apreciaciones nacen de una valoración moral sobre la dignidad humana violentada, el bien común irrespetado y la verdad manipulada. San Oscar Arnulfo Romero, profeta y mártir de América, dijo: “si hay un conflicto entre el gobierno y la Iglesia, no es porque la Iglesia sea opositora sino porque el conflicto ya está establecido entre el gobierno y el pueblo, y la Iglesia defiende al pueblo” (Homilía del 21-10-1979). Todo poder humano es transitorio y se legitima si en su ejercicio produce un bienestar colectivo con especial atención a los pobres y excluidos, logrando así una sana convivencia en la pluralidad y la diferencia. El pueblo venezolano vive una situación dramática y de extrema gravedad por el deterioro del respeto a sus derechos y de su calidad de vida, sumido en una creciente pobreza y sin tener a quien acudir. Es un pecado que clama al cielo querer mantener a toda costa el poder y pretender prolongar el fracaso e ineficiencia de estas últimas décadas: ¡es moralmente inaceptable! Dios no quiere que por el sometimiento a injusticias sufra el pueblo. Urge, por tanto, asumir el clamor popular de un cambio, de una concertación para una transición esperada y buscada por la inmensa mayoría.

3.- Como señalamos en nuestra Exhortación del 11 de julio de 2018, “reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo (para elegir el Presidente de la República) fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y en los más altos principios de dignidad del pueblo” (No temas, yo estoy contigo, n. 6). Por tanto, la pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno porque carece de sustento democrático en la justicia y en el derecho.

 

 

4.- En esta crisis política, social y económica, la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias. En efecto hace tres años (1-12-2016) el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, pidió que se restituyera cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución. El voto de confianza que el pueblo venezolano le ha conferido debe ser retribuido con el cumplimiento de los deberes de los diputados, diseñando y redactando las leyes que necesita el país para el restablecimiento de la democracia y la vuelta a la decencia y honestidad en la administración de los fondos públicos. El Papa Francisco en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año nos interpela: “la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad” (1-1-2019).

  1. Los venezolanos no podemos ser simples espectadores de lo que sucede en el país, pues somos ciudadanos y, como tales, actores de primer orden. La defensa de la libertad ha costado mucha sangre y muchos sufrimientos, para ver de lejos lo que la mayoría rechaza: políticas de hambre, persecución política, represión militar y policial, presos políticos, torturas, corrupción, ineficiencia e ineficacia en la gestión pública. Como ciudadanos y como instituciones nos toca asumir las responsabilidades que nos competen para mejorar la actual situación y recuperar el país con sus valores y potencialidades. Esto exige la articulación de todos los sectores sociales, promoviendo la creatividad y proactividad de muchas personas en la búsqueda de soluciones.
  2. Como dijo el Papa Francisco, es necesario buscar juntos caminos de “concordia” y entendimiento, de unión del pueblo venezolano, de respuestas a los múltiples problemas y de defensa de los derechos humanos que nos permitan superar la crisis y atender a los más pobres. ¿A quién bendice nuestro Dios en la actual situación dramática de Venezuela? La respuesta que nos da Jesús es clara, profunda y desafiante: “Vengan benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era emigrante y me recibieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel y me vinieron a ver” (Mt 25,34-36). Es una pregunta acuciante para todas las personas de buena voluntad, cuya respuesta debe llevarnos a una acción eficaz.

7.- Somos conscientes que cuanto se haga por los más pequeños es a Cristo a quien se le hace, y por ello como Iglesia nos comprometemos en las diócesis y en las parroquias, en primer lugar, a seguir ayudando a la supervivencia, tanto de los más débiles y desprotegidos dentro del país como a los que han emigrado buscando trabajo y mejores condiciones de vida, así como refugio y asilo. En segundo lugar, a continuar trabajando en la defensa y promoción de los derechos humanos, en particular de los que carecen de todo, de los amenazados de muerte, de los perseguidos y privados de libertad. En tercer lugar, con mayor ahínco, nos proponemos seguir desarrollando programas de formación y organización que permitan la recuperación de la institucionalidad democrática y la reconstrucción del país de una forma pacífica. Todo esto enmarcado en el proceso de evangelización que promueve los valores de verdad, autenticidad, justicia, solidaridad, paz, reconciliación y fraternidad.

  1. Tenemos muchas razones para agradecer a personas e instituciones. Al Santo Padre Francisco por su constante cercanía y preocupación por nuestra patria. El 7 de enero de 2019, el Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, expresó: “Deseo para la amada Venezuela que se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que han sido afectados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz”. Igualmente, agradecemos a las Iglesias y Gobiernos de diversos países su solidaridad y su atención a los compatriotas que, producto de la crisis, han tenido que dejar el país en búsqueda de mejores condiciones de vida. Apreciamos el trabajo pastoral y de solidaridad que desarrollan día a día los sacerdotes, diáconos, religiosas y laicos, así como las muchas iniciativas que en este campo se están llevando adelante desde Cáritas a nivel nacional, diocesano y parroquial, desde la comisión de Justicia y Paz y las vicarías de Derechos Humanos, de otras organizaciones y asociaciones. Invitamos a articular iniciativas y proyectos en favor del pueblo a los hermanos de otras iglesias y de otras religiones, a las instituciones públicas y privadas, a los empresarios, profesionales, trabajadores y obreros, para trabajar por la paz y por un mejor país.

9.- Como creyentes cultivemos la oración personal y comunitaria. Con María, proclamemos que la misericordia de Dios llega a sus fieles de generación en generación, “porque el Señor hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón y derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,51-52). Aprendamos de María, nuestra Madre, que Tú, Señor Jesús, eres el alfa y la omega, el principio y fin de nuestra existencia, nuestro pan para el largo camino, nuestra alegría completa, nuestra paz duradera. Amén.

Con nuestra bendición,

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela

CENTÉSIMO UNDÉCIMA

ASAMBLEA PLENARIA ORDINARIA

DEL EPISCOPADO VENEZOLANO

Caracas, 9 de enero de 2019

 

Conferencia de Obispos Católicos de Canadá advierte de repercusiones negativas de la legalización de marihuana. 17.10.2018

(Aciprensa) En medio de la controversia por la legalización del uso recreacional de la marihuana en el país, los obispos de Canadá advirtieron de los “problemas éticos” y de las “repercusiones negativas” de esta política.

La “Ley Cannabis”, conocida también como C-45, tuvo su aprobación final en el Senado de Canadá en junio de este año, y entró en vigor el 17 de octubre. La norma permite que personas mayores de edad usen libremente marihuana y poseerla en una cantidad no mayor de 30 gramos.

También se permitirá el cultivo en los hogares para uso personal.

Canadá es el segundo país en el mundo en legalizar el consumo recreacional de la marihuana, después de Uruguay, que aprobó una ley similar en 2013.

El gobierno canadiense podría percibir más de 657 millones de dólares al año en impuestos a la marihuana.

En un comunicado publicado el 17 de octubre, la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá señaló que la Iglesia “continúa subrayando los problemas éticos involucrados con el uso y abuso recreacional de esta droga: los riesgos negativos que impactan en la salud psicológica y física, los crecientes problemas de una sociedad más y más dependiente de las drogas y el alcohol, la posibilidad de daño cerebral, especialmente a aquellos menores de 25 años”.

Los obispos advirtieron además sobre “las repercusiones negativas sobre las familias y comunidades locales”.

Además, criticaron “la disposición de negocios y gobiernos a explotar la droga para intereses comerciales y como una fuente de ingresos tributarios, poniendo así aún más en peligro la búsqueda del bien común”.

De acuerdo a los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, las investigaciones actuales muestran que “es significativamente más probable que los consumidores de marihuana —comparado con los no consumidores— presenten trastornos mentales crónicos, incluida la esquizofrenia”.

Algunos consumidores de marihuana tienen un riesgo mayor de sicosis”, señala CDC en su sitio web, y añade que “el consumo de marihuana también ha sido vinculado a la depresión y a la ansiedad, así como a pensamientos suicidas entre los adolescentes”.

Los obispos canadienses recordaron luego que, del 29 de noviembre al 1 de diciembre de este año, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano acogerá una conferencia internacional sobre “Drogas y Adicciones: Un obstáculo al Desarrollo Humano Integral”.

“El ‘flagelo del narcotráfico’ favorece la violencia y siembra las semillas del sufrimiento y muerte, ha dicho el Papa Francisco varias veces, a lo cual la respuesta de la sociedad debería ser actos de valentía y la resolución de luchar contra todos los narcóticos”, concluyeron.

 

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Los obispos del Congo denuncian la situación de medio millón de compatriotas expulsados de Angola. 31.10.2018

(Fides) «Hasta el 27 de octubre, Cáritas Congo ha contabilizado 508.505 personas que llegaron a territorio congoleño sin que parezca que las llegadas vayan a cesar», reza un comunicado de la Conferencia Episcopal de la Nación Congoleña (CENCO) sobre la expulsión masiva de la vecina Angola.

«Muchas de las personas expulsadas han declarado que están siendo sometidas a brutalidad y a graves violaciones de los derechos humanos por parte de la policía angoleña», denuncian los obispos en la declaración que fue dada a conocer a la Agencia Fides. A principios de octubre, las autoridades de Luanda emitieron una orden de expulsión contra migrantes congoleños empleados en el sector minero informal, en el noreste de Angola.

Una vez de regreso a la República Democrática del Congo, las personas expulsadas se encuentran sin ayuda. «Miles de niños, mujeres, ancianos, enfermos y personas con discapacidad están siendo abandonados, día tras día, como vulgar mercancía en suelo congoleño, en lugares donde la capacidad de acogida es totalmente insuficiente para permitirles recuperar un mínimo de dignidad», denuncia la Conferencia Episcopal Congoleña. «Sin saber cómo salir de la zona fronteriza ni adónde ir, la mayoría de la gente deambula por los pueblos de la frontera, donde son recibidos por personas de buena voluntad. Miles de personas se alojan en los locales de iglesias, escuelas y algunos edificios públicos. En ausencia de espacio suficiente, otros acampan en refugios improvisados donde pasan la noche bajo las estrellas».

La zona donde se registra el mayor número de personas expulsadas de Angola es la provincia de Kasai, «que sufre todavía las heridas de la crisis del fenómeno ‘Kamuina Nsapu’, que devastó la zona hace aproximadamente un año. Sólo en Kamako hay 206.680 personas, un número que supera con creces el de los habitantes de esta pequeña aldea», informan los obispos.

«La expulsión masiva de los congoleños tiene lugar dos meses antes de las elecciones generales en República Democrática del Congo (RDC) y corre el riesgo de interrumpir el curso normal de este importante acontecimiento largamente esperado por el pueblo congoleño», subrayan los obispos, quienes también dicen estar «preocupados por la paz entre la RDC y Angola, que comparten más de 2.000 kilómetros de frontera con muchos grupos étnicos que se extienden por ambos países».

Los obispos le piden al gobierno de Kinshasa que ponga en marcha urgentemente programas de reinserción social y económica de las personas expulsadas; mientras que solicitan a intervención de la Unión Africana y a la SADC (Comunidad Económica del África Austral, a la que pertenecen Angola y la RDC) para que inviten a los gobiernos de Luanda y Kinshasa a dialogar »a fin de que juntos puedan encontrar una solución a la situación de los congoleños que se encuentran en una situación irregular en Angola.

 

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Las comisiones episcopales argentinas reiteraron la preocupación por la pretendida imposición de «la ‘ideología de género» al proyecto de educación. 26 de octubre de 2018

Ante la intención de realizar cambios a la ley de Educación Sexual Integral vigente y la introducción de contenidos que van contra la cosmovisión cristiana en este tema, tres comisiones episcopales consideran necesario recordar la distinción entre sexo, género e ideología. Y reiteraron la preocupación por la pretendida imposición de «la ‘ideología de género» al proyecto de educación.

 

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Mensaje de los Obispos Catolicos de Cuba con ocasión del proceso de consulta del Proyecto de Constitución de la República de Cuba. 24 de octubre de 2018.

“…Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo.

Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios los creó. Hombre y mujer los creó”

Génesis 1, 26-27

 

Queridos hermanos:

  1. Hemos querido comenzar nuestro mensaje con el clásico y hermoso pasaje sobre la creación del ser humano que se relata en el primer libro de la Biblia: el Génesis. De manera poética y figurativa nos transmite importantes verdades sobre nuestra naturaleza. El hombre y la mujer comparten la misma naturaleza y son iguales en dignidad y derechos. Tienen el mandato de procrear y poblar la tierra y, además, autoridad, derechos y deberes para utilizar y administrar los bienes que les han sido dados para su provecho, el de su familia y el de la sociedad. También tienen la obligación de cuidar la tierra por su valor en sí misma y porque es reflejo de la belleza de Dios. Estos principios constituyen un patrimonio adquirido por la humanidad, tanto por los creyentes como por los no creyentes. Sirvan estas premisas como prólogo de nuestro mensaje.

LA IMPORTANCIA Y ALCANCE DE UNA CONSTITUCIÓN

  1. Nuestro pueblo ha sido convocado y está inmerso en un proceso de consulta con el fin de que todos los ciudadanos aportemos criterios y proposiciones que contribuyan a enriquecer la redacción de una nueva Constitución de la República de Cuba. La misma será presentada, a todos los cubanos, en referendo para ser aprobada o rechazada. El referendo popular será la última palabra de todo nuestro pueblo sobre la Constitución. Por eso, conviene resaltar la importancia del mismo como un acto en el que cada ciudadano está llamado a expresarse con el ‘sí’ o el ‘no’ mediante su voto, o absteniéndose de hacerlo.
  2. Como pastores comprendemos, a partir de los procesos que ha vivido nuestra Nación, a quienes piensan que su opinión no cuenta. Sin embargo, queremos invitar a todos nuestros compatriotas a optar por una participación consciente y responsable. De igual forma solicitamos a las autoridades que guían el siguiente proceso que las opiniones y aportes recogidos sean tenidos en cuenta.
  1. Es sabido que los diferentes temas presentes en el texto son motivo de frecuente conversación y toma de posiciones que han generado muchos intercambios de opiniones y debates, manifestando diferentes posturas: unos participando con sus aportes, otros con cierta reserva y también quienes consideran que ya todo está decidido. Es lógico que sea así, pues es signo de la pluralidad de posturas, de interés y de preocupación, ya que sabemos que la Constitución de un país debe reflejar las características de la sociedad y determina, de muchas maneras, la vida de los ciudadanos y su futuro, también la convivencia entre ellos, la participación en la toma de decisiones que afectan sus vidas y las relaciones de los mismos con el Estado y la sociedad.
  2. De modos diversos y en reiteradas ocasiones, muchos nos preguntan acerca del parecer de la Iglesia sobre determinados aspectos contemplados en el proyecto constitucional que está siendo debatido. Por tales motivos, como obispos, queremos dirigirnos a ustedes, miembros de nuestras comunidades, y a todas aquellas personas que también han expresado su deseo de conocer nuestro pensamiento. Nos mueve y fundamenta la fe en Jesucristo Salvador de todos los hombres, la fuerza de su Palabra que nos inspira y sostiene, el amor y la búsqueda del bien para nuestro pueblo.
  3. Partimos de una frase martiana que expresa el sentido y valor que él le daba a la Carta Magna de una nación: “Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos”[1]. La Constitución es la ley fundamental de una nación que fija la organización de la sociedad y los derechos, deberes y garantías de los ciudadanos. De ahí que deba reflejar “los principios y valores esenciales y mínimos, lo que implica no abarcar y expresar en detalle todos los ámbitos de la vida política, económica y social”[2]. También es legítimo afirmar que la Constitución no se puede subordinar a leyes, decretos, resoluciones, partidos políticos, ideologías, disposiciones o sentencias judiciales, ya que una Carta Magna prevalece por encima de todos ellos. Es oportuno recordar que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado”[3]. Además, la Constitución en cuanto Ley Fundamental, se aplica por igual a todos los ciudadanos e instituciones sin importar la índole de los mismos. “El hombre no manda a otro hombre; la ley los manda a todos”[4]
  4. Así mismo, por la importancia de la Constitución como referencia última de la legalidad en la Nación y dada su supremacía sobre cualquier interés particular, como expusimos anteriormente, consideramos no solo aconsejable sino necesario, que la misma Constitución disponga la creación de un Tribunal de Garantías Constitucionales con la finalidad de salvaguardar los derechos que en ella se refrendan.
  5. Resaltamos que la persona humana es, por su intrínseca libertad y dignidad, el sujeto y centro de todos los derechos y deberes que garantiza una Constitución, que siempre debe estar en beneficio de la persona para así sustentar la convivencia de todos.

LA DIGNIDAD DEL HOMBRE Y DE LA MUJER

  1. Esta afirmación, mirada desde nuestra fe, expresa que cada ser humano, por ser criatura de Dios, posee una dignidad particular que lo pone por encima de todo lo creado. Esta constatación hizo exclamar al autor del Salmo 8 (5.7) de la Biblia, lleno de admiración y agradecimiento:

“(Señor), ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él

el ser humano para darle poder?…

Lo coronaste de gloria y dignidad,

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies”.

  1. Estas verdades sobre la persona humana fueron también expresadas por nuestro José Martí cuando afirmó: “…dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos…”[5], para indicar que cada persona viene a este mundo con la dignidad y los derechos que pertenecen exclusivamente a su condición humana.
  2. A lo largo de la Historia, por el mal uso de la libertad que Dios le dio al hombre, los seres humanos no nos hemos tratado con el respeto que merece nuestra dignidad. A través de los siglos han sido muchas las guerras, tiranías, violencias, discriminaciones, injusticias y muchos desastres más, por lo que no es de extrañar que, terminado el horror de la Segunda Guerra Mundial, las naciones sintieran la necesidad urgente de poner por escrito y ratificar públicamente los derechos que todo ser humano tiene por la simple razón de serlo. Nuestro país tuvo mucho que ver en este empeño que se materializó en los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS

  1. Visto lo anterior, apreciamos que el proyecto constitucional (art.39) haya querido tener en cuenta el respeto y la aplicación de los derechos humanos reconocidos en diversos tratados internacionales de los cuales Cuba es signataria. Igualmente valoramos la declaración de que las personas son iguales en su dignidad, en sus deberes y derechos, sin discriminación alguna[6]. Al mismo tiempo lamentamos la ausencia del reconocimiento a la diversidad de opinión política (cf. art 40), así como también sería necesario explicitar que el derecho a la vida (cf. art. 43) debe respetarse desde el momento de la concepción del individuo hasta la muerte natural y, a su vez, sería de desear que abarque la exclusión de la pena de muerte.
  2. Del mismo modo se requiere un mayor esclarecimiento sobre el derecho a la objeción de conciencia (art 59), de manera que la preservación del derecho de unos no implique violentar el derecho y la conciencia de otros. También se deben clarificar las causas, el alcance, los medios y límites en relación al art. 3 relacionado con la defensa de la Patria, para proteger la integridad y el ejercicio del derecho de las personas. El uso de la fuerza es un recurso extremo, solo justificado en determinadas circunstancias y en condiciones excepcionales y debe ser proporcional a las causas que lo provocan. La Iglesia siempre ha valorado el diálogo y el respeto mutuo como el mejor medio para superar los conflictos.
  1. También resaltamos que, el art. 40 añade a la Constitución vigente otras tres categorías como sujetos de derecho: “género, orientación sexual e identidad de género” que provienen de una evidente influencia de la llamada “ideología de género”, las cuales son innecesarias, porque bastaría con la categoría “sexo” para que queden comprendidos todos los miembros de la sociedad, tal como se reconoce en el art. 45: “la mujer y el hombre gozan de iguales derechos y responsabilidades…”.
  2. El sexo viene dado por la naturaleza y no es una construcción cultural adquirida, como propone equivocadamente la referida ideología de género, que se caracteriza por un fuerte subjetivismo, que lleva al individuo a decidir por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo. De tal manera que, dicha ideología, sostiene entre sus postulados principales que cada persona elige su propia identidad sexual. Esta corriente ideológica ha venido introduciéndose en Cuba, entre otros, por algunos medios oficiales y por la influencia del mundo exterior.
  3. Así mismo, en el Proyecto de Constitución se reconoce a los ciudadanos “el derecho a profesar o no creencias religiosas, a cambiarlas y a practicar la de su preferencia, con el debido respeto a otros credos y de conformidad con la ley”[7]. Según lo anterior, y en correspondencia a lo que debe ser un Estado laico moderno, los obispos cubanos reafirmamos que la libertad de practicar la religión propia no es la simple libertad de tener creencias religiosas, sino la libertad de cada persona de vivir conforme a los valores de la fe que profesa, de expresarlos públicamente, teniendo por límite el respeto al otro. En nuestro caso concreto, esta libertad implica, además, el reconocimiento jurídico de la Iglesia y de su identidad y misión propias, lo que incluye la posibilidad de dar a conocer su enseñanza moral de acuerdo al Evangelio, de acceder de modo sistemático a los medios de comunicación, la libertad de enseñanza y de evangelización, de construir edificios y de adquirir y poseer bienes adecuados para su actividad; y la libertad de asociarse para fines no solo estrictamente religiosos sino también educativos, culturales, de salud y caritativos.

LA FAMILIA

  1. La Iglesia siempre ha considerado esencial el derecho y responsabilidad de la familia en la educación de sus hijos. Esto coincide con la Declaración de los Derechos Humanos, cuando dice: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos” [8]. Este principio se expresa en el Magisterio de la Iglesia de la siguiente manera: “La familia tiene una función original e insustituible en la educación de los hijos…”[9] “Los padres tienen el derecho y el deber de impartir una educación religiosa y una formación moral a sus hijos”[10]: “derecho que no debe ser cancelado por el Estado, antes bien debe ser respetado y promovido. Es un deber primario que la familia no puede descuidar o delegar”[11]
  2. Es oportuno recordar lo expresado por el Papa San Juan Pablo II en Santa Clara: “¡Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón!”[12], por esto apreciamos el papel que el proyecto constitucional le otorga a la familia, y la disposición para que ésta cumpla su misión como célula básica de la sociedad, tal como está formulado en el art. 67. Sin embargo, en lo referente a la educación, los principios básicos señalados en el párrafo anterior no están suficientemente expresados, pues, como se afirma en el art. 95b “la enseñanza es función del Estado …” y, a su vez, en los art. 72 y 84 es de señalar que la contribución atribuida a la familia aparece enumerada en último lugar, posteriormente al papel asignado al Estado y a la sociedad. Entendemos que ni el Estado ni ninguna otra institución deben apropiarse esta delicada misión.
  3. Los obispos consideramos mal fundado y erróneo que aparezca en el proyecto constitucional (art. 68) una definición del matrimonio como “la unión de dos personas con aptitud para ello, a fin de hacer vida común”. Al expresar este criterio no pretendemos desconocer, y en modo alguno menospreciar, la dignidad de ninguna persona, pues, a todas se les debe respetar su condición y su participación social. La enseñanza de la Iglesia siempre ha sido clara: el amor recíproco y complementario entre el hombre y la mujer fundamenta la vocación al matrimonio y a la familia, estableciendo una unidad que no puede equipararse a ninguna otra. Distinción no significa discriminación.
  4. Los obispos, también, apreciamos lo expresado en el proyecto constitucional sobre los derechos de la familia para alcanzar su pleno desarrollo y bienestar. Para satisfacer estos derechos y lógicos deseos es necesario que la Constitución brinde las posibilidades para que cada ciudadano tenga un salario que realmente satisfaga sus necesidades e, igualmente, han de garantizarse las prestaciones sociales necesarias para equilibrar la vida familiar, de modo que sea posible y alcanzable por todos sus miembros una vida estable y vivienda digna, hasta después de la vida laboral de los mismos. Por ello, nos permitimos recordar lo expuesto en nuestro mensaje “La Esperanza no defrauda”: “Cualquier proyecto social debe abrir espacios para los proyectos de vida personal y familiar de los ciudadanos y deben armonizarse mutuamente … Las aspiraciones de superación personal deben ser alentadas para lograr así una sociedad civil vigorosa que será siempre un bien necesario para todo país que aspire a una sana prosperidad social y económica, sostenida por sólidos pilares morales y espirituales” [13].

LA ECONOMÍA AL SERVICIO DEL BIEN COMÚN

  1. Como principio, la Doctrina Social de la Iglesia reconoce el destino universal de los bienes y la función social de la propiedad para lograr el desarrollo integral de la persona, la familia y el bien común. Por ello, nos complace que el Proyecto de Constitución también reconozca la propiedad privada, aunque siempre se deberá tener en cuenta que los límites de cualquier propiedad deben estar solamente condicionados por el principio descrito anteriormente. En este campo, consideramos que lo expuesto en el art. 28 en relación a la inversión extranjera, debe ser extendido al ciudadano cubano en virtud a lo refrendado en el art. 40 sobre “la igualdad de todos los cubanos en sus derechos, deberes y oportunidades sin discriminación alguna”.

CONCLUSIÓN

  1. Al concluir este mensaje queremos reconocer y valorar que, un buen número de cubanos, está ejerciendo su derecho a opinar y esto, en sí mismo, es un ejercicio beneficioso para las personas y la sociedad. Nosotros, como obispos y pastores de la Iglesia Católica en Cuba, no hemos pretendido hacer una exposición exhaustiva de todos los contenidos del proyecto constitucional, sino que deseamos iluminar aquellos aspectos que más nos han sido reclamados en orden al discernimiento y posterior decisión que cada uno deberá tomar según su conciencia y libertad.
  2. Pedimos a Dios que nos ayude a encontrar los caminos que favorezcan el crecimiento del respeto mutuo y el reconocimiento de la dignidad de cada persona. Sólo así se hará realidad el sueño de nuestros próceres, proclamado por Martí al desear que Cuba fuera una República “con todos y para el bien de todos”[14]. A nuestra Madre, la Virgen de la Caridad del Cobre, le pedimos que continúe acompañando la vida de nuestro pueblo. ¡La Caridad nos une!

 

La Habana, 24 de octubre de 2018.

Fiesta de San Antonio María Claret

(https://iglesiacubana.org/cocc/pages/articles/843)

 

+ Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba

+ Juan de la Caridad García Rodríguez, Arzobispo de La Habana

+ Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey

+ Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de Holguín, Presidente de la COCC

+ Arturo González Amador, Obispo de Santa Clara, Vicepresidente de la COCC

+ Manuel Hilario de Céspedes y García-Menocal, Obispo de Matanzas

+ Jorge Enrique Serpa Pérez, Obispo de Pinar del Río

+ Álvaro Beyra Luarca, Obispo de Bayamo-Manzanillo

+ Domingo Oropesa Lorente, Obispo de Cienfuegos

+ Juan Gabriel Díaz Ruiz, Obispo de Ciego de Ávila

+ Silvano Pedroso Montalvo, Obispo de Guantánamo-Baracoa

+ Juan de Dios Hernández Ruiz SJ, Obispo Auxiliar de La Habana, Secretario General de la COCC

 

 

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[1] José Martí, Carta de New York, 23 de mayo de 1882, Obras Completas, Tomo IX, páginas 307 y 308.

[2] Proyecto de Constitución, Introducción al Análisis del Proyecto – Consideraciones finales, párrafo 3.

[3] Proyecto de Constitución, art. 10

[4]  P. Félix Varela. Cátedra de Constitución, Observación Segunda. Cita tomada del Libro “Escritos políticos”. Ed. Ciencias Sociales, 1977.

[5] José Martí. “Mi raza”, periódico “Patria”, Nueva York, 16 de abril de 1893. Obras Completas, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1976, Tomo 2, páginas 298 a 300.

[6] Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 2

[7]  Proyecto de Constitución de la República, art. 62

[8]  Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 26.3

[9]  Concilio Vaticano II, Declaración Gravissimum Educationis n. 3

[10] Concilio Vaticano II, Declaración Dignitatis Humanae n.5

[11] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia n. 239

[12] San Juan Pablo II, Homilía en Santa Clara, 22 de enero de 1998.

[13] Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, Carta Pastoral “La Esperanza no defrauda”, 8 de septiembre de 2013, nn. 29-30

[14]  José Martí, Discurso “Con todos y para el bien de todos”, Liceo cubano de Tampa, EEUU, 26 de noviembre de 1891

Comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ante el deterioro de la justicia venezolana. Caracas, 13 de agosto de 2018

Documento

 

Comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ante el deterioro de la justicia venezolana

 

1. El País está pasando por una situación muy delicada: se quiere instaurar una espiral de violencia y se promueve el resquebrajamiento de la Justicia, particularmente cuando todo lo que tiene que ver con ella se está saliendo del control de las leyes y de los procedimientos legales, para enmarcarse en la arbitrariedad que lleva a la persecución física, el amedrentamiento, y al atropello del Estado de Derecho. Debemos afirmar como pueblo que la violencia venga de donde venga, implementada a personas, instituciones o al pueblo mismo, debe ser rechazada en todas sus vertientes. Con la paz logramos todo, con la violencia la destrucción.

2. La semana pasada la Comisión de Justicia y Paz de la CEV afirmaba: “las aprehensiones a parlamentarios, funcionarios o ciudadanos con base en indicios o presunciones de la responsabilidad penal, no conllevan a detenciones arbitrarias, tratos crueles o inhumanos, torturas o desapariciones forzadas, supuestos que atentan a todo evento contra la integridad física y psíquica de los venezolanos”.

3. Debemos recordar que en un Estado de derecho, quien es privado de su libertad, es titular de derechos referibles a las diferentes esferas (derechos relativos a la integridad física y psicológica, a las relaciones familiares y sociales, a la integridad moral, etc.). Esto excluye desde luego, no sólo todo tipo de tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes, sino también las condiciones mismas de reclusión en situación de aislamiento, la completa imposibilidad de comunicación y la falta de contactos con otros seres humanos, que las más de las veces provocan graves sufrimientos psíquicos y físicos al privado de libertad. La dignidad de la persona y los derechos fundamentales a ella inherentes no pueden negarse nunca. Ésta es la esencia última de la justicia, que implica fundamentalmente reconocer que toda persona –independientemente de su origen y condición, raza, pensamiento y comportamiento–, por el hecho de ser persona, tiene la misma y fundamental dignidad.

4. Lamentablemente en el país quienes se sienten con poder están usando la única arma de los que no tienen razón: la violencia represiva. Para ejercerla están violando leyes, los articulados de la Constitución Nacional y los Derechos Humanos. Perseguir, someter y enjuiciar arbitrariamente, es el componente que se observa, mientras hay una multitud de pueblo que pide alimentos, medicamentos, luz eléctrica, transporte público, gas, sueldos dignos, detener la inflación. Pero nada de esto está ocurriendo; por el contrario, se quiere ejercer un control social y se promueve el quiebre de la disidencia.

5. A pesar de toda esta realidad dolorosa, no podemos sucumbir ni como ciudadanos con derechos ni como sociedad en búsqueda de bienestar. La protesta cívica, la organización comunitaria, la unidad como pueblo, el reclamo legítimo del buen funcionamiento de los servicios públicos que les pertenecen al pueblo, son acciones que están avanzando. Para ello debemos seguir fomentando la reconciliación y la paz, la búsqueda de la verdad y un discernimiento espiritual que nos permita saber valorar toda información o hechos que puedan ocurrir en el país; buscar la verdad es tarea de todos.

6. Exhortamos a los organismos de seguridad del Estado a cambiar su actitud, entiendan que estamos en momentos de grandes sacrificios y sufrimientos de nuestro pueblo, de sus propias familias, de sus hijos. No repriman, sino antes bien, acompañen a este pueblo que no tiene otra alternativa sino la de buscar ser escuchado en sus necesidades.

Que María Santísima, la Virgen reconciliadora y de la paz, cuide de nuestro pueblo.

 

Caracas, 13 de agosto de 2018

 

Con nuestra bendición.

+José Luis Azuaje Ayala
Arzobispo de Maracaibo
Presidente de la CEV

+Mario Moronta Rodríguez
Obispo de San Cristóbal
1° Vicepresidente de la CEV

+Raúl Biord Castillo
Obispo de La Guaira
2° Vicepresidente de la CEV

+José Trinidad Fernández Angulo
Obispo Auxiliar de Caracas
Secretario General de la CEV

Conferencia Episcopal de Nicaragua. Gobierno de Nicaragua no tiene voluntad para buscar procesos reales que encaminen al país a una verdadera democracia. 14.07.2018

Gobierno de Nicaragua no tiene voluntad para dialogar, denuncian obispos

La Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) denunció “la falta de voluntad política del Gobierno para dialogar” y buscar procesos reales que encaminen al país a una verdadera democracia.

En un comunicado emitido ayer 14 de julio, los prelados recordaron que el 24 de abril aceptaron “ser mediadores y testigos del Diálogo Nacional” poniendo como garante al pueblo nicaragüense y a la comunidad internacional.

El diálogo fue convocado por el presidente Daniel Ortega luego de las protestas a nivel nacional contra la reforma del seguro social y que finalmente fue derogada. A pesar de ello, las manifestaciones han continuado para exigir, entre otras cosas, el cambio de Gobierno.

“Es nuestro deber informar a la nación que durante estos meses hemos sido testigos de la falta de voluntad política del Gobierno para dialogar sinceramente y buscar procesos reales que nos encaminen a una verdadera democracia”, denunciaron los obispos.

En su comunicado, señalaron que el régimen se ha negado a “abordar las temáticas centrales de la agenda de democratización” y a desmantelar los grupos armados progubernamentales, tal como se lo ha solicitado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Los representantes estatales han tergiversado el objetivo principal” de la mesa de diálogo, denunciaron.

La CEN también indicó que la misión de los obispos no se reducía a ser mediadores y testigos, sino que dada la dimensión profética de su ministerio, se han visto “en la urgencia de asistir a los lugares de conflicto para defender la vida de los indefensos, llevar el consuelo a las víctimas y mediar a fin de lograr una salida pacífica a la situación”, como cuando el 21 de junio fueron a Masaya para evitar otra masacre, o ayer cuando se presentaron en la parroquia Divina Misericordia para evacuar a los estudiantes refugiados.

En ese sentido, los obispos afirmaron que “para realizar esta obra de caridad la Iglesia nicaragüense continuará poniendo a la disposición todos los medios que estén a su alcance”, pues su misión de pastores no contradice el papel de mediadores porque “lo que buscamos es la paz y la justicia”.

Asimismo, denunciaron la represión de la policía y de grupos paramilitares y afines al Gobierno, cuyos ataques “son condenables jurídica y moralmente” y tienen por objetivo “sembrar el terror al pueblo que se manifiesta pacíficamente”.

Hasta el momento la violencia ha dejado más de 350 muertos.

“Igualmente es condenable todo acto de profanación sacrílega contra la Iglesia, ya sea en sus consagrados o en sus templos”, como ocurrió el 9 de julio, cuando estos grupos agredieron física y verbalmente al Cardenal Leopoldo Brenes, a Mons. Silvio Báez y al Nuncio Apostólico, Mons. Waldemar Stanislaw Sommertag.

Los obispos también condenaron las agresiones contra periodistas, defensores de derechos humanos y miembros de la sociedad civil.

En su comunicado, la CEN recordó al Gobierno su deber de velar por la vida de todos los nicaragüenses. Además pidió a las personas de buena voluntad “no responder con violencia a las diversas provocaciones de las que están siendo objeto”. “El mal tiene fuerza cuando nosotros se lo permitimos”, afirmó el Episcopado.

Finalmente, los obispos pidieron a la Virgen María que interceda ante Cristo para que dé a Nicaragua “el don de la justicia y la paz”.

(Redacción ACI Prensa)

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Venezuela. Nota Pastoral sobre el Aborto. 22 de junio 2018

El Obispo de San Cristóbal (Venezuela), Mons. Mario Moronta, criticó y denunció el negocio que gira en torno al aborto, luego de que colectivos feministas presentaron una propuesta para despenalizar y legalizar esta práctica en el país.

El miércoles 20 de junio colectivos feministas se congregaron al exterior del Palacio Legislativo para presentar su propuesta a favor del aborto ante la Asamblea Nacional Constituyente, y exigir que se incluya en la nueva Constitución que se está redactando y que será sometida a referéndum.

“El problema no es solamente de la persona, de la mujer que aborta, sino de todas las personas que cooperan muchas veces presionando o negociando. Detrás del aborto también hay un comercio, con el material orgánico para ser empleado para otros fines. Lamentablemente existe también este comercio de muerte para justificar gran parte de las cosas que se hacen con el aborto”, dijo el Prelado.

El aborto en Venezuela está prohibido excepto cuando está en riesgo la vida de la madre. El Código Penal establece prisión de entre seis meses a dos años a quienes lo realicen. La pena para un médico u otra persona que realiza el procedimiento es de uno a tres años.

Mons. Moronta afirmó que el problema del aborto no es “de oficialismo ni de oposición”, sino que corresponde a toda la humanidad.

“El que defiende la vida –dijo– lo hace no solamente por ser creyente o de algún partido político, sino sencillamente porque respeta la vida”.

“El aborto es un asesinato, se está asesinando a una persona que no tiene la posibilidad de defenderse en el vientre materno. Nosotros sostenemos que desde el momento de la concepción ya hay una vida humana que va creciendo, el niño recién nacido aún no tiene la capacidad que tienen un adulto, pero es un ser humano. Está formándose, y no es como dicen algunos ‘un trozo de carne’. Es una vida”, añadió Mons. Moronta.

El Obispo de San Cristóbal insistió que “todos aquellos médicos, enfermeros o personas que practiquen el aborto son asesinos” y que “no hay justificación”, porque “nadie es dueño de la vida”.

Lamentó también que algunas mujeres decidan practicarse un aborto “por ignorancia, presión o porque hay condicionamiento”.

“Generalmente ponemos todas nuestras fuerzas contra la mujer, cuando es mejor ayudarlas por el fenómeno postaborto, pues quedan con la culpabilidad, el remordimiento, que es un situación bien difícil”, añadió.

NOTA PASTORAL SOBRE EL ABORTO.