El futuro de la Pastoral Social. El nuevo libro de mons. Giampaolo Crepaldi.

Con este ágil volumen, La Chiesa italiana e il futuro della Pastorale Sociale (Edizioni Cantagalli), se ha intentando responder a dos interrogantes fundamentales, planteados por la situación que la Iglesia vive actualmente: «¿Tiene futuro la pastoral social de la Iglesia italiana? Y en la pastoral social, ¿tiene futuro la utilización orgánica de la Doctrina Social de la Iglesia?». Preguntas imperiosas a las que ha respondido Mons. Giampaolo Crepaldi, Obispo de Trieste, solicitado por las preguntas de Stefano Fontana, Director del Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân sobre la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). El resultado es un coloquio animado, lleno de puntualizaciones, que además de aclarar la situación eclesial hodierna, da una orientación sobre una posible perspectiva para el futuro.

El problema de la pastoral social

En un cuadro en el que la DSI, como se evidencia en la Introducción, no parece estar, hoy, adecuadamente valorizada, a causa también del continuo ataque a la ley natural, que es una de las fuentes de la DSI, el problema de la pastoral social, es decir, de  la evangelización de lo social pasa a ser particularmente urgente con el objetivo, como resalta Mons. Crepaldi, de ordenar las cosas humanas según el proyecto de Dios. La misma naturaleza y misión de la Iglesia no pueden estar sin una pastoral social, como ha puntualizado el obispo de Trieste, a menos que no se desmantele o se invierta su relación con el mundo: «La pastoral social no es compatible con cualquier visión de la relación entre la Iglesia y el mundo». Haciendo referencia a la escuela rahneriana, el prelado ha advertido que no se debe abandonar la doctrina de la fe respecto al pecado de los orígenes, exhortando a meditar sobre la centralidad del pecado original en la historia de la salvación llevada a cabo por Juan Pablo II en Memoria e identidad. Dada la importancia de la naturaleza misionera de la Iglesia, principalmente como anunciadora de Cristo, no se puede justificar una pastoral social planteada en sentido horizontal o humanista. Observando, además, que el proceso de secularización ha hecho de la pastoral social un problema, hasta el punto de que se necesite una «nueva evangelización», Mons. Crepaldi ha añadido que prestar mayor atención a la praxis no significa en absoluto sustituir el pensamiento con ella y augura, por último, un renovado compromiso también por parte de los laicos: «Tras el relanzamiento de los laicos en la pastoral social después del Concilio, hoy constatamos que los laicos estaban más comprometidos antes».

La pastoral social italiana después del Concilio

Mons. Crepaldi se ha detenido sobre el confuso periodo post-conciliar, en el que la pastoral se había convertido en motivo para volver a pensar la doctrina, con el riesgo de hacerla perentoria y centrar toda la atención en la praxis. En este clima post-conciliar, ha observado el obispo de Trieste, hay que incluir, por ejemplo, el repudio por parte de la Acción Católica de la línea Gedda hasta la «elección religiosa» de Alberto Monticone. Con el congreso eclesial de Loreto de 1985, titulado: «Reconciliación cristiana y comunidad de los hombres» se corrigió, según Mons. Crepaldi, la línea, uniendo la justa exigencia de diálogo con la búsqueda de la verdad. Pero fue sobre todo con el pontificado de Juan Pablo II, observa el prelado triestino, cuando se recuperó la pastoral social, intensificando así la acción de la Iglesia para el bien del hombre y del mundo con la conciencia que, sin Dios, no puede haber un auténtico bien para toda la humanidad. También la recuperación de las Semanas sociales hay que verla en estrecha conexión con la enseñanza de Juan Pablo II, cuya intención era relanzar la Doctrina Social de la Iglesia. Actualmente se teme que esté prevaleciendo un pastoralismo, capaz de transformar los contenidos y los métodos.

El Directorio Evangelizzare il sociale y su legado

Stefano Fontana ha interpelado al obispo sobre un importante documento de 1992: “Evangelizzare il sociale. Orientamenti e direttive pastorali”, refiriéndose al cargo que entonces tenía Mons. Crepaldi como Director de la Oficina para la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Italiana. Ese Directorio nacía oportunamente, según el prelado, por la conciencia de una gran transformación en acto (recordemos la caída del bloque comunista después de la caída emblemática del Muro de Berlín, la crisis definitiva de la Democracia Cristiana tras el inicio de la denominada «Tangentopoli» y el referéndum contra el sistema proporcional vinculado a la figura del honorable Mario Segni). Las ideas fundamentales de este Directorio, ha observado el obispo de Trieste, eran sobre todo tres: 1) la inclusión de la pastoral social dentro de la misión salvífica de la Iglesia; 2) su relación estructural con la Doctrina Social de la Iglesia; 3) la implicación en la pastoral social de los laicos y de todos los sujetos del cuerpo eclesial. Reafirmando que la «nueva evangelización» constituía una necesidad urgente, había que volver a pensar en una relación equilibrada entre pastoral y doctrina para no caer en una forma de pastoralismo. Según el prelado, el documento: «Evangelizzare il sociale» había intentado afrontar con seriedad el método de la pastoral social y no sólo para frenar el proceso de secularización, sino también para ganar terreno en el frente de la nueva evangelización.

Pastoral y pastoralismo

Solicitado por las preguntas planteadas por el Director del Observatorio Van Thuân, Mons. Crepaldi ha precisado el significado de “pastoralismo”, entendiendo con este término una pastoral sin doctrina o una pastoral social sin Doctrina Social de la Iglesia. La preocupación de adaptar también la liturgia a las exigencias pastorales puede inducir al pastoralismo a hacer las mismas operaciones no sólo en lo que atañe a la liturgia, sino también en otros aspectos de la Iglesia, desde la catequesis al ecumenismo. El peligro está, por lo tanto, en indicar un pastoralismo como total aceptación de la secularización como autonomía del mundo. La Iglesia, ha reivindicado el obispo de Trieste, no puede ser un mero lugar existencial, sino que debe ser un lugar ontológico en el que pueda penetrar la gracia de Dios. También desde el punto de vista de la praxis el pastoralismo se diferencia de la pastoral: el pastoralismo desearía colaborar con todos; la pastoral desea colaborar con las fuerzas del bien. En este sentido, ha observado con agudeza Mons. Crepaldi, «Cristo nos ha dicho que amemos a todos, pero no que amemos todo». Respecto al periodo que estamos viviendo, el prelado ha subrayado el hecho que, si bien las diócesis y las parroquias prestan una atención particular a los temas de solidaridad y migración, no defienden con el mismo vigor o movilización los temas que atañen a la vida y la familia de leyes profundamente inicuas. Volviendo a desarrollar el tema del pastoralismo, el prelado triestino ha advertido de las consecuencia de separar la doctrina de la praxis, si bien el deseo de encontrar al otro en las situaciones concretas de la vida podría llevar a subordinar las cuestiones doctrinales para privilegiar el acompañamiento y el camino. Recuerda que la unidad se hace en la verdad y ha invitado a crear ámbitos formativos y de confrontación seria, partiendo tal vez de la capacidad que tiene el hombre de conocer la realidad (en referencia particular a la Fides et ratio de Juan Pablo II).

La pastoral social, mañana

Si el pastoralismo desearía que toda la Iglesia estuviera comprometida, por ejemplo, en la acogida y promoción de los pobres, la pastoral social llama al pueblo cristiano a la formación cultural, en la caridad, para afrontar de manera verdadera los desafíos actuales. Mons. Crepaldi ha solicitado el compromiso necesario para recuperar y mantener unido todo un cuadro: de la naturaleza y lo sobrenatural, de la razón y la fe, de la filosofía y la teología, del mundo y la Iglesia. En particular, ha resaltado que la fe católica está amenazada por fuerzas que desearían eliminar la naturaleza humana, tras haberla separado del fundamento transcendente. Por lo tanto, ha afirmado el obispo de Trieste, es necesario relanzar el núcleo de los «principios no negociables», que defienden la naturaleza en general y la naturaleza humana en particular. Aceptando el hecho que una pastoral universalista, en el sentido de sistemática, actualmente ya no es posible, ha auspiciado el nacimiento de las que Benedicto XVI llamó «pequeñas comunidades creativas», allí donde la «creatividad» consistiría en el esfuerzo de mantener todo unido.

Esta entrevista-coloquio entre Mons. Crepaldi y Stefano Fontana tiene el método, no sólo de centrar la situación hodierna de la Iglesia, sino también de orientar con lucidez un posible compromiso para retomar en serio la Doctrina Social de la Iglesia y desarrollar, así, el sentido auténtico de la pastoral social.

 

FABIO TREVISAN