El Islam político y la nueva tarea de la Doctrina social de la Iglesia

Presentación del X Informe sobre la Doctrina Social de la Iglesia en el mundo

Cantagalli, Siena 2018

 

Los temas centrales de los últimos tres Informes anuales de nuestro Observatorio están estrechamente unidos entre sí, y analizan problemas sociales y políticos del mundo actual que están fuertemente relacionados entre sí. El VIII Informe (2016) estaba dedicado al fenómeno de las migraciones y las inmigraciones, sobre todo en el continente europeo, y tenía como título: El caos de las migraciones, las migraciones en el caos. Sobre este tema candente el Informe tuvo el valor de pronunciarse inspirándose en el “realismo cristiano” de la Doctrina social de la Iglesia más que en un espíritu de acogida genérico y vacío. Uno de los aspectos más importantes del fenómeno migratorio es la amenaza que representa para Europa y, sobre todo, para su tradición cristiana. Al mismo tiempo, las inmigraciones ponen en evidencia la gran fragilidad del proceso de unificación continental y el cansancio de su inspiración ideal. He aquí por qué el siguiente Informe, el IX, de 2017, fue dedicado precisamente a Europa con el título: Europa, el final de las ilusiones. También en este caso puedo decir que las valoraciones del Informe expresaron su originalidad, juzgando severamente, sin retórica o sentimentalismos, la actual fase de impasse y la implosión del proyecto europeista. Era necesario, por lo tanto, dar el tercer paso en coherencia con los dos precedentes y afrontar el punto principal en la agenda europea del momento, que es la presencia de un islam político cada vez más activo.

A este respecto, hacer un llamamiento al principio de la libertad religiosa es insuficiente, porque de esta manera no se afronta el problema de las verdades de las religiones y las características, sumamente particulares, de la religión islámica. Por otra parte, los países europeos y las instituciones comunitarias tienen la intención de contraponer al islam político sólo el principio de tolerancia, sin tener en cuenta que se trata de una religión que, sobre este punto, no puede ofrecer una correspondencia debido, precisamente, a motivos relacionados con su naturaleza teológica. Se asiste, por lo tanto, a un acomodarse continuamente a las exigencias del islam político, a una acogida ingenua de sus peticiones sin pedir nada a cambio, a una inclusión de aspectos del derecho islámico en el derecho de los Estados europeos, a una esperanza problemática en la posible existencia de un futuro “islam europeo”, fruto maduro de un deseado “islam moderado”, sin considerar que un cierto fundamentalismo es inseparable del islam dada su concepción de revelación y de creación.

La Iglesia católica europea no afronta el problema si no es desde el punto de vista del diálogo interreligioso, y se olvida de pedir a los Estados europeos y a las instituciones comunitarias la defensa de las raíces cristianas del continente. Por otra parte, la Iglesia no sabe bien cómo se puede reconciliar esta petición con el derecho a la libertad religiosa que ella misma proclamó después del Vaticano II. Entonces, lo que hace es impulsar la acogida y la integración de los musulmanes, a menudo sin conocer bien su religión y sus exigencias intrínsecas en lo que concierne a la sociedad y la política; y la política europea se adecua a las dinámicas de islamización pensando que las dominará gobernándolas e, incluso, imponiéndolas a los Estados recalcitrantes cuyo objetivo es defender la propia identidad.

El tema de este X Informe -el islam político-, es analizado, como en los anteriores, desde el punto de vista de la Doctrina social de la Iglesia. Sin embargo, en este caso, a diferencia de los precedentes, esto representa una novedad. Creo poder afirmar que hasta ahora la Iglesia no ha examinado nunca el problema del islam como un problema que atañe también a su Doctrina social y al que hay que aplicar los principios del magisterio social. El islam es considerado, como he escrito antes, un tema de diálogo interreligioso, o que hay que estudiar desde el punto de vista de la historia de las religiones o de la teología de las religiones. No parece que nadie lo haya analizado nunca en su compatibilidad o incompatibilidad con los principios de la Doctrina social de la Iglesia, es decir, con los fundamentos de una sociedad sana, construida a medida del hombre y de Dios. Por esto, no tengo miedo en afirmar que este Informe abre una pista nueva y pone las bases de un trabajo futuro, considerable y exigente.

Además, lo que hace necesario y obligatorio este nuevo camino de la Doctrina social de la Iglesia son los propios resultados de los dos Informes precedentes mencionados antes. El islam político, de hecho, está muy presente en Europa, no sólo a través de muchos fenómenos trágicos de terrorismo, sino también con el nacimiento de partidos políticos que se presentan en muchos países europeos a las elecciones administrativas y parlamentarias. A esto hay que añadir las presiones ejercidas para que se acepten algunas manifestaciones típicas de la cultura, la moral y las costumbres islámicas, para que elementos del derecho islámico (fiqh) y de la ley islámica (sharia) sean asumidos dentro de nuestros ordenamientos jurídicos. No hay que olvidar la financiación para la construcción de mezquitas, sin ninguna forma de compensación en los países islámicos para los cristianos, como también la propaganda de intelectuales islámicos cuyo ejemplo principal sigue siendo, a día de hoy, Tariq Ramadan. En otras palabras, el islam político no sólo está sobre el papel, sino que es una realidad política muy presente a nuestro alrededor. La Doctrina social de la Iglesia no puede demorar más abordar este tema.

Los aspectos sociales y políticos del islam le pertenecen por motivos netamente religiosos. Son, por lo tanto, fundamentales para esta religión y no hay que pensar que son apéndices secundarios o residuales. El centro es ciertamente teológico y se centra en la visión de Dios como totalmente otro, y de ello derivan, en estrecha coherencia, consecuencias en la visión de la sociedad y de la política. Por consiguiente, es imposible pensar que estamos lidiando con el islam sólo como religión y no como civilización. El derecho islámico; las numerosas reglas sociales y políticas del Corán que hay que aplicar literalmente; la imposibilidad de una laicidad en el sistema islámico; la unidad, exclusividad y superioridad de la Umma, la comunidad islámica constituida por los “sometidos” a la voluntad de Alá transmitida por el Corán y el Profeta, le dan al islam una clara configuración política a cuya valoración la Doctrina social de la Iglesia no puede sustraerse. Como también puede hacerlo, a otro nivel, la razón política, europea y no sólo.

Muchos católicos piensan que los musulmanes pueden serles de ayuda en el campo de la defensa de la vida y la promoción de la familia, en contra del relativismo del pensamiento dominante en Europa, de origen ilustrado y que ahora tiende al nihilismo total. Se dice, por ejemplo, que los musulmanes son contrarios al aborto y a la homosexualidad, igual que los cristianos, y que podrían contribuir a la causa de quién en Europa se enfrenta a estas cosas. Al pensar así, nos olvidamos de que en el contexto islámico es muy problemático, si no imposible, hablar de derecho natural y de moral natural, mientras que en ámbito católico estos son los fundamentos del compromiso en defensa de los principios morales mencionados antes. Esto es así porque la creación de Dios, según el islam, no sucede según una verdad, sino según una voluntad. Por lo tanto, no expresa un orden ontológico, sino un positivismo islámico. Además, el islam tiene una visión muy distinta de la familia y de la mujer respecto a la que tiene la Doctrina social de la Iglesia, por lo que, en apariencia, se puede considerar que se combaten justas batallas comunes, pero si se profundiza surgen las grandes diferencias que atañen precisamente a la política, aunque tengan origen en la teología.

Los términos de la comparación en este Informe son tres: el islam, la Doctrina social de la Iglesia y la ideología del progresismo occidental. Es necesario aclarar estos tres ámbitos, y esta es una de las finalidades de este Informe. A menudo el islam equipara el cristianismo a Occidente; está documentado que hoy, los musulmanes, asocian el cristianesimo al neopaganismo occidental. Este desprecio puede tener motivaciones históricas, pero teologicamente deriva de la subdivisión islámica de la humanidad en musulmanes y no musulmanes que, además de los cristianos, incluyen también a los judíos y, aún más, a los paganos. Si los islámicos se contraponen al cristianismo es porque lo consideran occidental; Occidente a menudo abre las puertas indiscriminadamente al islam porque quiere arrinconar al cristianismo, digamos que lo hace en función anticristiana. La celebración de la indiscutida positividad de la sociedad multirreligiosa, puesta en marcha y desarrollada por la neoilustración radical occidental, tiene como fin obstaculizar la religión católica en Europa. Por este motivo quién quiera utilizar la Doctrina social de la Iglesia para valorar el islam político, lo tiene que hacer sin confundirse con las motivaciones de la ideología occidentalista. Es un planteamiento muy importante que hemos querido dar a este Informe.

Si se examinan algunos temas de gran importancia política, como por ejemplo el concepto de laicidad, de derechos humanos o de democracia, se observa que entre la visión del islam y la visión de la Doctrina social de la Iglesia hay muchas diferencias; pero también las hay entre esta y la visión política del modernismo neoilustrado de Occidente. Hay que prestar entonces mucha atención cuando se someten a la crítica ciertas convicciones islámicas, de manera que no parezca que con ello se quiere valorizar las convicciones occidentales en cuanto tales. A menudo, en cambio, se critican los límites de la visión islámica de la laicidad, de los derechos humanos y de la democracia…, pero argumentando a favor de las concepciones que tiene la política occidental sobre estos temas que, en cambio, a menudo chocan con los principios de la Doctrina social de la Iglesia, que tiene, en otras palabras, dos frentes sobre los que detallar las cosas: el de la religión islámica y el del nihilismo político occidental. Si, por otra parte, como confirmación de esto, consideramos las cosas desde otro punto de vista, observamos que el progresismo teológico católico que construye puentes en el diálogo con el islam también sobre los temas mencionados antes de la laicidad, los derechos humanos y la democracia, también lo hace con la ideología política de la Europa posreligiosa. La intención es construir una visión política sincretista en la que los principios de la Doctrina social de la Iglesia pierdan su significado.

Para poder considerar con objetividad el islam político, la Doctrina social de la Iglesia debe abandonar las concesiones que ha hecho a la filosofía política neoilustrada de Occidente y, para poder considerarla con objetividad, debe abandonar una consideración superficial e ingenua del islam político. Este Informe pretende desarrollar este triángulo de argumentaciones.

 

S.E. Mons. Giampaolo Crepaldi

Presidente del Observatorio Cardenal Van Thuân sobre la Doctrinal Social de la Iglesia, Arzobispo-obispo de Trieste, Presidente de la Comisión Caritas in veritate del CCEE, Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa.