El islam político Y la nueva tarea de la doctrina social de la iglesia

Nuestro Observatorio dedicará su Décimo Informe anual sobre la Doctrina social de la Iglesia en el mundo, cuya salida se prevé para el mes de octubre de 2018, al tema: “Islam: un problema político”.

La Doctrina social de la Iglesia está llamada, en esta fase, a desarrollar una nueva tarea. No parece que la cuestión haya sido abordada y por esto vale la pena hacerlo. La presencia del islam en Europa, ya sea bajo la forma del fundamentalismo terrorista, de la conquista por la vía demográfica y cultural apoyada por los fenómenos migratorios, o por las inversiones realizadas por algunos países árabes, sobre todo Arabia Saudita, está destinada a crear en breve una situación explosiva que muchos observadores, a decir verdad, anuncian desde hace tiempo sin ser escuchados.

Ahora, ante esta situación, la Doctrina social de la Iglesia debe asumir la nueva tarea de valorar el islam desde el punto de vista político y decir si es compatible con una sociedad con las características que propone. Hasta el momento la Iglesia no ha hecho este trabajo, ni siquiera lo ha iniciado. Está en marcha un diálogo interreligioso con el islam, sobre el cual no deseo pronunciarme en esta ocasión. Simplemente quiero observar que es distinto a una valoración del islam desde el punto de vista político. El diálogo religioso es de tipo pastoral o, aunque de manera ambigua, de tipo teológico, pero no atañe al islam político en relación a la visión católica de la vida social y política. El islam es estudiado, además, por algunas disciplinas concretas, como la teología de las religiones, pero también en este caso el ámbito es muy distinto.

Todo podemos observar que el islam tiene una visión propia del Estado, de los derechos humanos, de la mujer, de la familia, de la relación entre lo sagrado y lo profano, de la moral y del derecho, de la economía y de la política, del papel público de la religión y la democracia. Todos observamos que cuando en Italia entran inmigrantes de religión musulmana no sólo entra una religión, sino también una civilización, un bloque único de concepciones dentro del cual está incluido el islam político. Todos somos capaces de ver que ya en muchos países de Europa se han formado -y más se formarán en el futuro- partidos políticos islámicos que representan y dan concreción a las concepciones políticas del islam. Todos podemos ver que se trata de conceptos muy distintos respecto a otros presentes en Occidente. Algunos dicen que son tan distintos que impiden la integración. El tiempo apremia, pero los católicos aún no se han puesto en marcha utilizando la Doctrina social de la Iglesia.

Cuando decidan hacerlo (admitido que lo hagan si consiguen superar su actual ideología tontamente integracionista), en mi opinión deberán tener presentes dos aspectos fundamentales.

El primero es no perderse en cuestiones periféricas sino ir al núcleo, es decir, al rostro de Dios en el islam; todo el resto es un derivación muy coherente de esto. Por esto se debería volver a la lección de Benedicto XVI en Ratisbona. El Dios del islam es totalmente transcendente, supera cualquier categoría humana, que no se le puede aplicar tampoco de manera analógica. Él no es una esencia, sino una voluntad y no está obligado a respetar ninguna ley racional. Él no habla al hombre si por “hablar” al hombre se entiende expresar una verdad y entrar en una relación de diálogo. Él emite sus dictámenes y no pide al hombre que consulte consigo mismo al valorarlos. Él, por otra parte, los ha comunicado no mirando a su Logos, sino de manera inescrutablemente oscura. En el islam no se puede hablar de una moral natural ni de un derecho natural. El bien es lo que Dios prescribe por medio del Corazón y su Profeta; el mal es todo lo que está prohibido. La moral tiene una esencia religiosa y legalista. La ley civil se funda en la sharia, la ley islámica, y en el fiqh, el derecho islámico. Para valorar el islam político a la luz de la Doctrina social de la Iglesia, se deberá empezar desde aquí, desde el rostro de Dios.

El segundo aspecto que hay que tener presente consiste en no confundir el modelo de sociedad occidental con el que propone la Doctrina social de la Iglesia. Si no hiciera esta distinción, el católico comprometido en este frente correría el riesgo de alinear la Doctrina social de la Iglesia al servicio del liberalismo occidental. Dado que el islam a menudo asocia Occidente y cristianismo, sería allanarle el camino. Tomemos como ejemplo los derechos humanos. El islam tiene una visión muy distinta de la que prevalece hoy en Occidente. Pero también la Doctrina social de la Iglesia tiene una muy distinta. Por lo tanto, no se debe criticar la sartén de la visión islámica de los derechos humanos para caer en las brasas de la visión nihilista occidental de los derechos humanos. Podemos poner el ejemplo de la laicidad. El islam ignora este concepto, pero tampoco la Doctrina social de la Iglesia apoya -aunque muchos hoy lo creen- la visión fundamentalmente atea de la laicidad como neutralidad de los absolutos morales y religiosos. Sería un error contradecir al islam reivindicando un concepto de laicidad que no es el canónico, sino el de la Ilustración.

La confrontación de los católicos con el islam necesita, por tanto, de la utilización de la Doctrina social de la Iglesia, comprendida como un corpus orgánico de verdad sobre la convivencia humana que hay que aplicar con rigor cognoscitivo y de valoración, sin condiciones en vista de una integración vacía de contenidos.

Stefano Fontana