El realismo liberador de la filosofía cristiana. Entrevista a Stefano Fontana.

La salida en las librerías del nuevo texto de Stefano Fontana sobre filosofía medieval [La sapienza dei medievali. La filosofia cristiana da San Paolo a Guglielmo di Occam, –La sabiduría en la Edad Media. La filosofía cristiana desde san Pablo a Guillermo de Ockham-, Fede & Cultura, Verona 2018 – ver aquí] nos da la ocasión para dialogar con el autor sobre la filosofía en general, y la filosofía cristiana en particular.

Profesor Fontana, hace muchos años que usted se ocupa de Doctrina social de la Iglesia, pero desde hace unos años también está muy comprometido en el frente filosófico. Por ejemplo, ha publicado un libro que ha sido muy bien acogido, titulado Filosofia per tutti. Una breve storia del pensiero da Socrate a Ratzinger [Filosofía para todos. Una breve historia del pensamiento, de Sócrates a Ratzinger, Fede & Cultura, Verona 2016] y ha iniciado unos Módulos de Filosofía Cristiana por videoconferencia, de nuevo con la editorial Fede & Cultura de Verona, en los que ya ha tratado la ontología y la gnoseología.

Es verdad, en estos últimos años he intensificado mi esfuerzo en el campo de la filosofía. De hecho, creo que está en marcha desde hace tiempo el proyecto de cambiar la doctrina de la fe de manera indirecta, es decir, cambiando la filosofía con la que se hace teología. Actualmente, este proceso ha alcanzado niveles muy altos en la Iglesia. Se trata, en el fondo, del modernismo. Esta herejía condenada por el Papa Pío X en 1907 quería que la Iglesia cambiara desde dentro, que fuera ella misma la que gestionara su cambio. Así, el cambio habría pasado desapercibido y los fieles se habrían encontrado creyendo en otra religión sin saberlo. La teología necesita a la filosofía, que le proporciona las categorías conceptuales para poder seguir adelante. No es verdad, como se dice hoy en día, que la doctrina católica puede ir de acuerdo con cualquier filosofía. La fe necesita la razón, pero no cualquier tipo de razón. Si la teología presta atención a filosofías que son incompatibles con la doctrina de la fe católica, poco a poco también la visión de esta se deforma y, sin darse cuenta, empezará a creer en una fe distinta. Si, por ejemplo, confiamos en una filosofía existencialista, todo cambia en la visión de los contenidos de la fe católica.

Actualmente, en los seminarios y en los estudios teológicos, esto no se tiene en cuenta…

Lo sé. Hoy, en los seminarios, se teoriza el pluralismo filosófico. Pero el pluralismo filosófico lleva al pluralismo teológico, y este lleva al pluralismo doctrinal cuando es el magisterio quien lo hace. Por otra parte, obispos y papas fueron, antes, seminaristas y si en los seminarios aprendieron la filosofía de Heidegger y no la de santo Tomás, cuando son obispos y papas razonan siguiendo el pensamiento de Heidegger, que es incompatible con la fe católica. No estoy indicando un problema marginal, sino central, de la vida de la Iglesia hoy. Ciertamente, no hay un solo filósofo que pueda representar a la filosofía compatible con la fe cristiana, porque esta no se sitúa al mismo nivel que ninguna otra filosofía en concreto; pero esto no significa que haya que aceptar el pluralismo ya que, de hecho, este hace que la fe sea indiferente a la razón. Si la fe puede estar de acuerdo con todo tipo de razón, significa que es indiferente a las razones de la razón. De esta manera, se destruye el nexo íntimo existente entre razón y fe, y pensando que somos católicos, en realidad somos protestantes.

¿Qué filosofía, entonces, tendría que entrar en diálogo con la fe?

La filosofía “natural”, el modo de conocer y pensar que corresponde a nuestra naturaleza de seres racionales, es decir, el realismo metafísico, que es la filosofía espontánea de cada niño que, después, la sociedad se encarga de contaminar con la instrucción impartida en los colegios. Las verdades del sentido común son universales, todos los hombres las poseen, tanto es así que nos podemos entender entre diversas culturas. También Jesucristo aplicaba el principio de no contradicción, porque era un principio natural de la inteligencia humana. Existen una gramática, una sintaxis, una lógica natural que son fruto, también ellas, de la creación, y permiten conocer inmediatamente de manera realista y abierta la transcendencia, ya que la noción implícita de Dios está presente desde el inicio en esta filosofía natural y está, de alguna manera, implícita en cualquier otro conocimiento. Por desgracia, el hombre ha creado, sobre todo en la modernidad, filosofías innaturales, artificiales, alejadas de la realidad y, así, la filosofía se ha encerrado en sí misma, enloqueciendo. Porque la soledad y la autorreferencialidad son causa de locura.

Usted también ha retomado el concepto de “filosofía cristiana”. ¿Puede decirnos de qué se trata?

La filosofía cristiana es el “filosofar de la fe”, es decir, el ejercicio de la razón natural teniendo en cuenta el marco de la revelación sobrenatural. Esto no comporta la disminución de la autonomía de la razón respecto a la fe, porque es precisamente la fe en la revelación la que confirma a la razón en su autonomía. Hay verdades que la razón, aun pudiendo conocerlas por derecho con sus solas fuerzas, no las habría conocido nunca sin la revelación. Hay verdades filosóficas que la revelación ha transmitido a la razón por vía no filosófica para que se ocupe de ellas directamente. Hay verdades que la razón adquiere, pero que sin el apoyo de la fe pierde de vista. La razón, sin la fe, no consigue ser razón hasta el fondo. La fe, entrando en relación con la razón, no le pide que se convierta en fe, sino que sea razón al grado máximo, la sostiene como razón y le pide que no se desespere, como por desgracia sucede siempre que la razón se separa de la fe. Hoy, la razón ya no cree en sí misma, ni siquiera cree que es capaz de conocer qué es la vida y qué es la muerte, qué es un hombre y qué es una mujer… Esto es debido al hecho que ha abandonado su relación con la fe. La naturaleza, sin lo sobrenatural, no consigue ni siquiera ser naturaleza.

En su último libro sobre filosofía medieval, ¿habla usted de esto?

Sí. Presento el concepto de filosofía cristiana y expongo su nacimiento y desarrollo en la Edad Media. La filosofía cristiana nace en la Edad Media, pero es una filosofía perenne. Su Magna Carta es el prólogo del Evangelio de San Juan, en el que se habla de Cristo como el Logos de Dios. Hubo muchos filósofos de gran relevancia en la Edad Media, que en el libro intento presentar de manera didáctica; sin embargo, es con santo Tomás de Aquino cuando la filosofía cristiana alcanza una cima especialmente relevante. La filosofía de santo Tomás es la “prueba” principal de la posibilidad de la filosofía cristiana. Muchos han sostenido que en la Edad Media no fue posible una verdadera filosofía, porque se razonaba “en la fe” y, por consiguiente, sólo era posible la teología. Pero santo Tomás demuestra que la fe contiene implícita una filosofía, y que la razón no debe salir de la relación con la fe para hacerla explícita. La filosofía de santo Tomás es una filosofía verdadera y nueva, no sólo un replanteamiento de Aristóteles, de los Comentaristas árabes o del Pseudo Dionisio.

Por lo que dice tengo que concluir que la filosofía cristiana tiene necesidad, a pesar de todo, de la filosofía griega.

Joseph Ratzinger-Benedicto XVI defendió que el encuentro entre fe cristiana y filosofía griega fue “providencial”, y yo estoy de acuerdo con él. En mi libro intento ilustrar este proceso de colaboración que se realizó en la Patrística, en la época de los grandes concilios de la antigüedad, en la lucha a las herejías y en la definición del Canon. Después prosiguió en la filosofía erróneamente llamada de los “siglos oscuros”, antes del año 1000, que tiene figuras enormes de filósofos que hoy en día están olvidados, y que se completó con la Escolástica en la edad dorada, es decir, el siglo XIII. Sin embargo, es necesario resaltar que no se ha tratado únicamente de una acogida instrumental de las categorías de la filosofía griega, en la que había muchos errores, sino de una purificación a la luz de los contenidos de la fe, capaz de producir una filosofía nueva. La cuestión es esta: la fe no sólo entra en relación con las filosofías, como por ejemplo, la griega, sino que es capaz de producir filosofía. Esto crea la posibilidad de una filosofía cristiana, que hace que la relación entre fe y razón sea sustancial y no accidental, manteniendo, a pesar de todo, el primado de la fe, sin la cual tendríamos sólo una filosofía y no una filosofía cristiana.

En su opinión, ¿realmente es necesario volver a adueñarse de una filosofía natural?

El niño nace filósofo realista y, después, la sociedad y la escuela le transforman en un escéptico. Y como la capa de plomo es realmente amenazadora, es difícil salir de ella y acabamos creyendo que somos felices en esa bazofia de nada que nos rodea. El hombre es capaz de acostumbrarse también a esto. Sin embargo, hay distintas realidades que están reaccionando, grupos de cristianos cuya intención es volver a adueñarse de la posibilidad de pensar respirando. Yo sigo a algunos de estos. Son realidades sanas que dan esperanza.

Cuando usted se reúne con estos grupos e imparte lecciones, también por videoconferencia, ¿por dónde empieza?

Empiezo por un planteamiento francamente realista. Señalo que el punto de partida es fundamental. Si mi punto de partida es preguntarme qué puedo conocer, me he equivocado en todo. De la duda no se sale. El camino moderno hacia el subjetivismo, doblado sobre sí mismo, ya ha comenzado y se impondrá implacablemente. Tengo que partir de la certeza de conocer, y conociendo aprenderé a conocer. Primero conozco y, después, aprendo cómo se conoce. Si, en cambio, pienso que tengo que aprender qué quiere decir conocer para después conocer, acabo no conociendo nada. El problema del método viene después, no antes, como en cambio ha pensado erróneamente la filosofía moderna. Hoy se piensa que todo “depende de los puntos de vista”. Lo que hoy se ha convertido en sistemático es la duda, y de ello ya no se sale. Si no se sale de la duda, cada uno está encerrado en su mundo. Lo llaman diálogo pero es monólogo. Un monólogo sin significado objetivo y, por consiguiente, asfixiante para el alma. El significado, de hecho, debe ser objetivo y para ser objeto debe ser originario, independiente de nuestro punto di vista. El realismo metafísico de la filosofía cristiana es esto, es un realismo liberador.

Giuseppe Tires