Humanae vitae, aspectos políticos de la encíclica sobre el amor conyugal. Relación de Stefano Fontana

stefano montagna

Humanae vitae, aspectos políticos de la encíclica sobre el amor conyugal

Relación de Stefano Fontana

en la Facultad Teológica de Cerdeña

20 de abril de 2018

 

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El viernes 20 de abril de 2018, Stefano Fontana presentó una relación en la Facultad Teológica de Cerdeña, en Cagliari, sobre el tema: “Humanae vitae, aspectos políticos de la encíclica sobre el amor conyugal”. Su intervención fue introducida por el Decano Prof. Padre Francesco Maceri y por el Prof. Don Roberto Caria, docente de Moral social. También Su Excelencia el Obispo de Cagliari, Mons. Arrigo Miglio, quiso estar presente para un saludo.

Según el relator, «el panorama actual de las consideraciones sobre la encíclica de Pablo VI Humanae vitae es, en muchos aspectos, de confusión e incertidumbre». A pesar de que la enseñanza de la encíclica es considerada por muchos como “irreformable”, la discusión está abierta. En esta confrontación se dedica, sin embargo, muy poco interés a la relación entre la encíclica y el ámbito público de la fe cristiana en relación con la razón política.

A este respecto, Fontana ha recordado que Benedicto XVI, en Caritas in veritate, incluyó la Humanae vitae de Pablo VI entre las encíclicas de importancia social. «Esto significa -ha dicho- que su tema central -el amor conyugal y la procreación- tienen un papel fundamental para el planteamiento correcto de la cuestión social: “La Encíclica Humanae vitae subraya el sentido unitivo y procreador a la vez de la sexualidad, poniendo así como fundamento de la sociedad la pareja de los esposos, hombre y mujer, que se acogen recíprocamente en la distinción y en la complementariedad; una pareja, pues, abierta a la vida.” (n. 15)».

El significado público de la sexualidad conyugal

Después de estas premisas, el relator ha hablado del significado “público” de la sexualidad conyugal. «En la relación sexual de la pareja -ha dicho-, están presentes dos aspectos fundamentales de la sociedad y de la socialidad, intrínsecamente vinculados entre sí. En el origen de la sociedad y de la socialidad no hay dos individuos indiferentes respecto a una u otra identidad sexuada, sino una pareja heterosexual hombre-mujer. Éste es el motivo político último por el cual la pareja heterosexual debe ser confirmada y apoyada con la institución del matrimonio, mientras la realidad de dos individuos asexuados no puede gozar de reconocimiento político y permanece en el ámbito de lo privado». «En la realidad de dos individuos homo-sexuados -ha continuado el relator-, no hay comunión en cuanto no hay complementariedad; los dos individuos no se completan, sino que se suman. En la dualidad complementaria hombre-mujer, los dos se unen en una nueva realidad. Mientras la relación heterosexual es originariamente pública y por esto se llama de por sí matrimonio, la relación homosexual es originariamente privada y por esto no puede ser reconocida como matrimonio».

Dicha vocación está relacionada con la apertura a la vida, porque sólo con esta condición es una acogida recíproca complementaria e incondicional. En caso contrario, la acogida entre los dos es instrumental y su relación, comparada con la vocación reconocida y presente en el lenguaje de dos cuerpos diferenciados y complementarios, es equivalente a la relación de la pareja homosexuada y estéril. La vocación a la recíproca complementariedad implica la incondicionalidad del amor; y el amor, para ser incondicional, no debe proceder de las condiciones planteadas por los dos contrayentes, sino por el imponerse de un orden que los precede y los transciende, y que está inscrito en su naturaleza. «Si en el origen de la sociedad -ha continuado Fontana- no hay dos individuos, sino una pareja, y si esta pareja es tal en cuanto ha sido así constituida porque se ha asumido un orden vinculante, una vocación, entonces la sexualidad de la pareja tiene un papel público verdaderamente fundamental, porque ninguna otra realización de acogida sería posible si ésta faltara».

El significado in-político de la anticoncepción

Llegados a este punto, ha sido del todo natural abordar la cuestión del significado in-político de la anticoncepción: «Ésta impide el don de sí, que si es tal debe ser incondicional, e introduce un aspecto contractual técnico que tiende a garantizar la disponibilidad del proceso relacional. De este modo, la relación sexual es fin a sí misma y el uso del propio cuerpo, y del cuerpo del otro, se trasforma en instrumental. Con la anticoncepción la relación no sucede según un orden natural y, por lo tanto, se configura como una forma de violencia, aunque se dé el propio consentimiento». Por esto, la anticoncepción corroe la socialidad en lugar de fomentarla.

Para el pensamiento clásico, la filosofía cristiana y la Doctrina social de la Iglesia -ha continuado Fontana- no hay un origen de la sociedad, que existe por naturaleza. La unión hombre-mujer es natural y originaria. Pero según la mentalidad creada por la anticoncepción, en el origen de la sociedad habría dos individuos neutros respecto a cualquier orden natural y objetivo, en una relación recíproca de carácter instrumental. Esta situación recuerda a la teorizada por los pensadores políticos modernos sobre el origen de la sociedad.

Lo privado y lo público

He aquí, entonces, el paso al tercer momento de la relación de Fontana: la relación entre lo privado y lo público. Según los pensadores modernos, sobre todo Hobbes, la sociedad nace de un pacto convencional e instrumental con el que los ciudadanos aislados se unen en sociedad, sometiéndose a un poder absoluto. Ni aquellos ni éste están obligados a respetar cualquier tipo de ley natural preesistente y fundacional, por lo que el proprio poder se configura como un Privado más fuerte que los otros. Estas son las consecuencias: «En el uso de la anticoncepción en la relación sexual entre hombre y mujer está contenido el principio in-político de una sociedad entendida como una serie de individuos que se han acercado unos a otros y que están sometidos a un poder absoluto, neutro en cuanto a principios y valores y, por lo tanto, técnicamente omnipotente. La consecuencia es que el ámbito de la transmisión de la vida en la familia, que la anticoncepción quería mantener en el ámbito privado e individual, es invadido por el poder político, por lo tanto público. La apertura a la vida y la relación según un orden natural garantizan la dimensión pública de la sexualidad y hacen referencia a la institución del matrimonio con el fin de realizarse de manera plenamente humana. El Estado, como pedía claramente la Casti connubi por ejemplo, tenía que respetar y defender el matrimonio religioso no sólo del divorcio, sino también del matrimonio civil y proteger, además, la fidelidad conyugal. Esto garantizaba el espacio profundamente personal de la esponsalidad y la defendía de intrusiones e invasiones. La anticoncepción pretende liberarse de la apertura a la vida y del orden natural, a los que considera como una invasión indebida de lo público en lo privado; en cambio, abre el plano de la relación personal a la devastación causada por la técnica, el mercado, los parlamentos y los poderes nacionales e internacionales».

Se asiste, así, a la paradoja de un ámbito privado cada vez más invadido por el público, entendido a su vez como un privado, sólo que más fuerte, y los hombres, como dice la Humanae vitae con sorprendente clarividencia, «llegarían a dejar a merced de la intervención de las autoridades públicas el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal» (n. 17).

Humanae vitae y Doctrina social de la Iglesia

Stefano Fontana ha concluido su relación haciendo notar cómo en los años en que la Humanae vitae era contestada, también se contestaba paralelamente la Doctrina social de la Iglesia. Esto pone en evidencia el hecho que la encíclica de Pablo VI y la Doctrina social de la Iglesia presuponen el mismo sistema de pensamiento, fundado sobre un orden metafísico de la realidad. «Es obvio -ha concluido Fontana- que si este sistema filosófico desapareciera y fuera sustituido por una visión que acoja el “transcendental moderno” en la forma del historicismo, del existencialismo y de la hermenéutica, el propio sistema sería revisado y, con él, también las disposiciones particulares de la Humanae vitae. Se trataría de un cambio muy amplio y perturbador, con efectos que irían mucho más allá de la encíclica de la que  conmemoramos el cincuenta aniversario».

Benedetta Cortese