La ausencia de Dios en la esfera pública. Las Reflexiones de Benedicto XVI: una importante aclaración sobre el papel de la Doctrina social de la Iglesia

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El texto del Papa emérito Benedicto XVI, que contiene algunas Reflexiones sobre La Iglesia y el escándalo de los abusos sexuales, tiene numerosos puntos de gran utilidad para la Doctrina social de la Iglesia En nombre de nuestro Observatorio, propongo unas reflexiones en mérito, como confirmación de la importancia de dicho documento.

Es necesario, ante todo, reconocer que la breve valoración del recorrido de la teología moral en los años 1960-1980, recorrido que según Benedicto XVI ha llevado la teología moral al “colapso”, lo confirma también la Doctrina social de la Iglesia. Por este motivo, las observaciones sobre la teología moral contenidas en las Reflexiones son muy útiles también para valorar sus consecuencias en relación a la Doctrina social de la Iglesia la cual, según la nueva teología moral, ya había llegado al colapso. Esto no era verdad ni para la auténtica teología moral católica ni para la Doctrina social de la Iglesia, pero las corrientes teológicas crecientes en esos decenios así lo habían decretado. No estaba de acuerdo con esta opinión Juan Pablo II el cual, como escribió en Veritatis splendor el 6 de agosto de 1993 para “poner en su sitio estas cosas”, como dice Benedicto XVI en sus Reflexiones, se había comprometido a relanzar la Doctrina social de la Iglesia, concretando su carácter disciplinario de “teología moral” en el fundamental párrafo 41 de la Sollicitudo rei socialis de 1987, y confirmándolo en la Centesimus annus de 1991, justo dos años antes de la Veritatis splendor. La Doctrina social de la Iglesia y la teología moral estaban, por tanto, unidas en su destino por el hecho de pertenecer al mismo ámbito de verdad, por lo que el “colapso” de la teología moral no podía no colapsar también a la Doctrina social de la Iglesia.

En sus Reflexiones, Benedicto XVI indica también el punto concreto sobre el que se había centrado la oposición de la teología moral católica: el rechazo de la perspectiva jusnaturalista. Esto vale también para la Doctrina social de la Iglesia. También en este último campo, como en el más general de la teología moral, se quiso basar el compromiso social y político de los católicos y, más en general, la misma relación “práctica” Iglesia-mundo sólo en la Escritura. La Doctrina social de la Iglesia siempre había incluido entre sus fundamentos el derecho natural y la Revelación. La teología, y la teología moral en particular, eran consideradas un saber orgánico y epistémicamente fundado sobre la verdad de la fe y la verdad de la razón (o recta ratio), armoniosamente relacionadas entre ellas. Esta relación se basaba, en última instancia, en la relación entre lo natural y lo sobrenatural, según el principio clásico de la teología católica de lo sobrenatural que no niega la naturaleza, sino que la perfecciona. Il “biblicismo”, ya fuera puesto en práctica en la teología moral en general, o en el campo particular de la Doctrina social de la Iglesia, rompía esta relación y reducía la moral y el derecho naturales a formas ideológicas que encierran el kerigma en doctrina abstractas. Benedicto XVI afirma lo contrario: sin la unión fundamental con la moral, las verdades de fe no aferran la concreción de la vida: «Hay un minimum moral que está inseparablemente unido a la decisión fundamental de la fe y que debe ser defendido si no se quiere reducir la fe a una teoría». El juicio de la nueva teología moral es, aquí, derribado: la unión con la moral (y el derecho) natural es fundamental para evitar que la fe se convierta en una teoría abstracta, peligro que la nueva teología, en cambio, atribuye precisamente a esa unión. A partir de entonces -y el fenómeno continúa aún hoy-, en los manuales de Doctrina social de la Iglesia ya no hay ninguna referencia al derecho natural como uno de sus fundamentos. Es inevitable constatar en este fenómeno de gran alcance la influencia de la teología protestante sobre la católica, como también el proceso con el cual el “biblicismo” ha roto la unidad de fe y razón, entregando el tema del derecho y de la ley al positivismo.

En sus Reflexiones, Benedicto XVI indica la encíclica Veritatis splendor de Juan Pablo II como un punto firme para retomar la teología moral correctamente entendida. Este “retorno” a la Veritatis splendor es de gran importancia también para la Doctrina social de la Iglesia. Esta encíclica confirma el papel de la razón natural para el conocimiento de la ley moral natural, le niega validez a las formas de consecuencialismo y proporcionalismo ético según las cuales, como escribe Benedicto XVI en estas Reflexiones, «la moral [debería] ser definida sólo en base a los objetivos de la acción humana», coloca por lo tanto la conciencia en su lugar oportuno contra su hipertrofia en la nueva teología moral, confirma que el primer elemento de valoración de la acción moral está en la materia de la misma acción y no en la intención de quien la realiza, y confirma la existencia de absolutos morales (negativos), es decir, de acciones que no deben realizarse nunca y que son, a su vez, la base de la doctrina de los “principios no negociables”, a los que la nueva teología siempre se ha opuesto, y lo sigue haciendo. Nuestro Observatorio siempre ha considerado que la Veritatis splendor y la Fides et ratio de Juan Pablo II  son dos encíclicas fundamentales para la Doctrina social de la Iglesia, porque dibujan el cuadro de las relaciones entre fe y razón, dentro del cual se sitúa la propia Doctrina social, y fuera del cual esta se encamina a su “colapso”. Utilizando las palabras de las Reflexiones, el «grito de protesta contra el magisterio de la Iglesia» ha tenido que ver con dichas encíclicas y, al mismo tiempo -y no es casualidad-, también con la Doctrina social de la Iglesia.

Hay, además, otro punto en las Reflexiones del papa emérito que merece ser puesto en evidencia por su importancia respecto a la Doctrina social de la Iglesia: «Una sociedad en la que Dios está ausente -una sociedad que ya no le conoce y lo trata como si no existiera-, es una sociedad que pierde su criterio». El significado público y, por tanto, plenamente político y no sólo vagamente socializante de estas palabras lo confirma un pasaje sucesivo: «La sociedad occidental es una sociedad en la que Dios está ausente de la esfera pública, para la cual no tiene nada que decir». Se trata de afirmaciones repetidas por Benedicto XVI en diversas ocasiones, cuando estaba en «posiciones de responsabilidad como pastor de la Iglesia», confirmadas aquí «para dar una señal fuerte». La importancia de esta lectura de la realidad para la Doctrina social de la Iglesia es evidente, ya que a menudo es entendida en sentido horizontal, mientras que Juan Pablo II, en cambio, la proponía como anuncio del Salvador en las realidades temporales. «Preferimos no hablar de Dios», escribe Benedicto XVI. Y no se puede negar que en ámbito público esto no sólo sucede, sino que ha sido codificado por muchos decenios de nueva teología. «Dios se ha convertido en un hecho privado de una minoría», lo que anula el sentido y la posibilidad misma de la Doctrina social de la Iglesia. Esto no libera a la Iglesia de los límites de la política, y no la salva de la ideología. Más bien al contrario, hoy la «Iglesia es vista, en gran medida, como una especie de aparato político». Esta observación es también verdad para el uso que la Iglesia hace de la Doctrina social de la Iglesia: temerosa de hablar de Dios en público, cuando lo hace acaba utilizando el lenguaje del mundo. También este es un punto importante de las Reflexiones: «El sentir conciliar es comprendido, de hecho, como una actitud crítica o negativa respecto a la tradición vigente hasta ese momento, que ahora debe ser sustituida por una nueva relación, radicalmente abierta, con el mundo».

Consideramos que con esta Reflexiones Benedicto XVI ha dado a la Iglesia una contribución fundamental también en lo que atañe a la Doctrina social de la Iglesia.

 

Stefano Fontana

Director del Observatorio Cardenal Van Thuân

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