La Doctrina social de la Iglesia según la publicación Aggiornamenti sociali y según nuestra opinión

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En su número de enero de 2019, la revista de los jesuitas Aggiornamenti sociali ha publicado un artículo sobre la pastoral social y la Doctrina social de la Iglesia titulado: La pastorale sociale della Chiesa in Italia: tracce di un percorso [La pastoral social de la Iglesia en Italia: huellas de un recorrido] (págs. 70-74). El artículo, firmado por Marco Cagol, miembro del grupo de expertos de la Oficina nacional de la CEI-Conferencia episcopal italiana para los problemas sociales y el trabajo, y vicario episcopal para las relaciones con el territorio de la diócesis de Padua, recorre el camino emprendido recientemente por la Iglesia italiana en el campo de la pastoral social a través de los seminarios y los congresos organizados por la Oficina nacional, siguiendo el espíritu marcado por el Congreso eclesial de Florencia de 2015.

Aquí no tenemos espacio para hacer una comparación exhaustiva con la idea de pastoral social que surge de este texto; no obstante, podemos hacer alguna observación, sobre todo en lo que atañe a la relación de la pastoral social con la Doctrina social de la Iglesia.

Primero de todo es necesario resaltar en el artículo un énfasis sobre la realidad. La pastoral social es casi inexistente en nuestras diócesis y no tiene ningún tipo de impacto real en los mundos vitales de la sociedad actual. El artículo hace referencia a toda una serie de siglas -oficinas diocesanas, comisiones diocesanas, escuelas de formación al compromiso social y político, observadores territoriales, medios de comunicación diocesanos y mucho más…-, que sobre el papel dan la impresión de una amplia red de actividades y presencia, pero que en la realidad son jarrones vacíos. A menudo se trata de sillones ocupados y oficinas presididas por alguien, de reuniones agotadores e inútiles, de ríos de palabras con la excusa de la nueva moda de la teología narrativa. Las comisiones y los denominados “organismos de comunión eclesial” nunca han conseguido publicar ni un solo documento sobre las cuestiones sociales de mayor relevancia. En poquísimas diócesis hay escuelas de formación y, a menudo, son una serie de conferencias. La realidad es muy distinta de cómo la presenta el artículo.

Otro aspecto que surge de esta visión de pastoral social es el descuido de la dimensión doctrinal de la Doctrina social de la Iglesia, es decir, de su naturaleza de corpus. De la Doctrina social se dice que es “un saber práctico, circular, que nace del continuo cruce entre Evangelio e historia” y que no tenemos que hacer de ella una “ideología que hay que aplicar a la sociedad”. Es verdad que es un saber práctico, pero en el sentido que es teología moral y, como tal, tiene toda la riqueza doctrinal de la fe católica y de la razón natural; y ella misma es doctrina. Junto a elementos cambiantes, en ella hay principios de reflexión y criterios de juicio que son siempre válidos y que ninguna praxis podrá cambiar nunca. Según Aggiornamenti sociali, “la escucha sabia del territorio” es un “lugar teológico”, lo que implica que esa escucha es el punto de vista a partir del cual también se puede cambiar la doctrina presente en la Doctrina social de la Iglesia. En cambio, el lugar teológico de la Doctrina social de la Iglesia es la “fe apostólica”, y tener esto en cuenta no implica comprenderla como una “ideología que hay que aplicar a la sociedad”, como en cambio quiere hacer creer el artículo en cuestión, intentando así intimidar a quien no pretende ceder al historicismo.

El tercer aspecto que implica una gran dificultad en esta propuesta de pastoral social es la indicación de temas que hay que abordar de manera prioritaria y que, según la vulgata católica actual, son la economía, la ecología y la democracia. Ni una palabra sobre la devastación antropológica que hay en marcha. Tampoco se citan la vida, la familia y la libertad de educación. Este no parece ser un discernimiento muy “sabio”, sino que está dictado por la agenda del momento. Los temas de la vida y la familia son los primeros, tanto por la urgencia como por su importancia. La pastoral social debería aceptar un cambio de prioridades que desestabiliza el orden de las cosas que hay que llevar a cabo, y que cambia el más con el menos. Nace así una pastoral social que no perjudica a nadie y que acepta totalmente los eslóganes del mundo.

El último aspecto tiene que ver, precisamente, con el método de la pastoral social propuesta por Aggiornamenti sociali. Es un hacer referencia continuamente al “trazar juntos”, “narrar las experiencias”, “construir juntos”, “discernir comunitariamente”. Son actitudes apreciables, pero de las que no surgirán las verdades de fondo de la pastoral social, las que unen de verdad a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad. Lo que une tiene que estar antes, porque el más no viene del menos: no podemos ser nosotros, necesitados de unidad, los que nos la demos a través de nuestras prácticas de “compartir”. La verdad no es fruto del compartir, sino que es causa de división. Demasiadas son las verdades sobre las que hoy ya no estamos unidos, y la ampliación de los procesos de participación no colmará el vacío, sino que multiplicará los simposios, los congresos y las reuniones de las distintas comisiones.

Stefano Fontana