La Iglesia italiana y el futuro de la Pastoral social.

Ya está en las librerías el nuevo libro-entrevista (con Stefano Fontana) del arzobispo Mons. Giampaolo Crepaldi, titulado La Iglesia italiana y el futuro de la pastoral social (Cantagalli, Siena 2017). En el texto publicado a continuación el propio arzobispo nos indica los puntos esenciales de su nuevo libro.

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La pastoral social,  ¿tiene aún necesidad de la Doctrina Social de la Iglesia?Y si es así, ¿cómo hay que entenderla? La historia de la pastoral social en Italia nos indica que, después del Concilio, es retomada precisamente a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y en estrecha colaboración con ella. Esto no fue evidente inmediatamente con Pablo VI, pero ciertamente no por presuntas cesiones de este pontífice sobre este argumento. En el momento oportuno, la Caritas in veritate de Benedicto XVI, al conmemorar la Populorum progressio de Pablo VI, rechazaba la opinión común de un Papa incierto en la relación Iglesia-mundo y respecto a la validez de la Doctrina Social de la Iglesia. Durante los siguientes pontificados la recuperación fue más evidente, sobre todo desde que Juan Pablo II disipó cualquier duda que aún hubiera sobre la importancia de la Doctrina Social de la Iglesia participando, apenas elegido Papa, en la conferencia del CELAM en Puebla. Desde entonces, la pastoral social siempre ha sido entendida como complementaria a la Doctrina Social de la Iglesia en base a tres elementos irrenunciables. El primero es que la Doctrina Social es «de la Iglesia», es decir, todos los sujetos eclesiales deben ser sus protagonistas en cuanto pertenece a la misión misma de la Iglesia. El segundo es que la Doctrina social hay que considerarla un corpus doctrinal orgánico que ilumina y que guía la vida-acción eclesial. El tercero es que la Doctrina Social de la Iglesia es un instrumento de evangelización; por consiguiente, está dirigida al mundo para la salvación del mundo, el cual necesita justicia y paz, pero no sabe dárselas a sí mismo.

Estas consideraciones habían inspirado, en 1991, la redacción del Directorio Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Italiana, Evangelizzare il sociale. Fue un paso importante porque en él se indicaban el qué, el quién y el cómo de la pastoral social. En el Directorio, el vínculo estructural de la pastoral social con la Doctrina Social de la Iglesia estaba expresado con gran claridad. La praxis pastoral tenía que estar iluminada por la Doctrina Social, que no tenía que ser vista sólo como una «enseñanza» o como un «discurso» social de la Iglesia, sino como un corpus, sujeto ciertamente a cambios en algunos aspectos, pero también fiel a la propia tradición, dentro de la tradición de la Iglesia, en otros aspectos fundamentales. Si la pastoral social necesita la Doctrina Social y si ésta debía ser conocida y representada por todos los sujetos eclesiales y, de manera particular, por los laicos, entonces la cuestión formativa era fundamental. En este aspecto, la Iglesia italiana ha utilizado muchos recursos.

Hemos tenido las experiencias de las Escuelas de Formación social y política; las de las Semanas sociales de los católicos italianos; las de las Mesas de profundización para los católicos comprometidos en política y las de los Movimientos de espiritualidad para los católicos comprometidos en política. El nexo de unión de todas estas experiencias tenía que ser, precisamente, el horizonte cultural de la Doctrina Social de la Iglesia, con la necesidad de una formación amplia y estructurada, básica.

Este proyecto ha tenido también dificultades. Mientras tanto el proceso de secularización se ha agudizado, los lenguajes sociales se han fragmentando ulteriormente y los comportamientos disonantes respecto a la moral tradicional han aumentado. El pluralismo se ha difundido también dentro de la Iglesia, en la que algunos han cuestionado la existencia del derecho natural y de la ley moral natural como una de las fuentes de la Doctrina Social de la Iglesia. La relación entre razón y fe se ha debilitado y han nacido muchas dudas sobre las características del papel público de la Iglesia. Ha nacido un concepto de laicidad como neutralidad y, por consiguiente, de indiferencia hacia cualquier religión. La política ha rechazado medirse con la verdad de la religión, alejándose también de la verdad de la política. La idea de una continuidad en la vida del creyente, entre la propia fe y la propia presencia pública, se ha debilitado mucho, a pesar de las muchas referencias del Magisterio.

Por todos estos motivos, y otros que aquí no puedo citar, la utilización orgánica en la pastoral social de la Doctrina Social de la Iglesia procede con dificultades. Ciertamente, no ayuda un cuadro teológico refractario a admitir una función pública de purificación de la vida social y política por parte de la religión católica y la Iglesia. Si la secularización es aceptada sin discusión y hasta sus extremas consecuencias, ya no hay lugar para la Doctrina Social de la Iglesia.

El peligro es que a la fragmentación social actual le siga una fragmentación también de la Doctrina Social de la Iglesia, o una debilitación desde el punto de vista pastoral. No se puede renunciar al nexo entre pastoral social y Doctrina Social de la Iglesia, de lo contrario se acaba garantizando, sí su presencia, pero no su calidad. No se puede tampoco renunciar a dar a la Doctrina Social una dimensión completamente eclesial, propia, es decir, que aunque esté diversificada según los carismas, incluya todos los componentes de la Iglesia. No se puede tampoco renunciar a mantener la razón natural como una de las fuentes de la Doctrina Social, de lo contrario se pierde el nexo entre razón y fe. Sin embargo, la situación actual nos impone tomar constancia que la pastoral social del futuro vendrá desde abajo, por lo que faltarán las condiciones para una planificación desde el centro. Se trata de alimentar, mediante una formación verdaderamente eclesial y, por lo tanto, no restringida y particularista, a las comunidades creativas comprometidas en hacer frente a los nuevos desafíos de la arena pública en lo que respecta a la doctrina y la tradición viva de la Iglesia. Ha llegado el momento de volver a proponer la Doctrina Social de la Iglesia en su totalidad y continuidad, incluida en la doctrina y en la vida de la Iglesia pero partiendo, y creando una red, de pequeñas comunidades cristianas.

+ Giampaolo Crepaldi