La nueva pastoral social como agencia de intermediación.

Este blog ya ha intervenido sobre la remodelación que se está llevando a cabo en la pastoral social de la Iglesia italiana. Ahora vuelve sobre este tema, dado que hay un artículo que habla de ello, publicado en el último número de La Civiltà Cattolica, firmado por Francesco Occhetta (“Pastorale sociale della Chiesa e conflitti”; “Pastoral social de la Iglesia y conflictos”). El nuevo camino de la pastoral social indicada aquí pasa por el diálogo y el discernimiento. Las oficinas diocesanas de pastoral social, como también las comunidades cristianas más pequeñas, deberían comprometerse en favorecer la “comunión en las diferencias”, una “diversidad reconciliada”, poniendo en marcha “dinámicas de discernimiento comunitario”, de participación, de “democracia deliberativa” y de “mediación civil”. El fin sería asumir los conflictos y superarlos en la “paz social”. El padre Occhetta pone algunos ejemplos, desde la cesión de la Cementeria de Monselice (Padua) a las “Terre dei Fuochi”, desde la acción para el bloqueo de la perforación de Gattinara por parte del ENI en Piemonte al compromiso de la diócesis de Taranto en la cuestión de la acería.

¿Qué decir de esta nueva imagen de la pastoral social?

Lo primero es decir que no se habla nunca de Cristo. Cuando una Iglesia local inicia un recorrido comunitario de discernimiento está haciendo algo que podría ser hecho por cualquier otro sujeto social autorizado. Lo hace como sujeto social y no como sujeto religioso, o por lo menos así se percibe. Hace tiempo se decía que la pastoral social es el anuncio de Cristo en las realidades temporales, el anuncio de la salvación cristiana en los lugares de trabajo, en la escuela, en la sociedad. No estoy muy seguro que comprender hoy la pastoral social como “solución de los conflictos” esté en línea con esta tradición y, sobre todo, si es suficiente.

Lo segundo que hay que decir es que en la vida social hay muchos conflictos que no se pueden superar, hay algunas diversidades que deben permanecer irreconciliables. Ante una moción del ayuntamiento o de la comunidad para que aumente la posibilidad de abortar, ¿en qué debería consistir la búsqueda de la superación del conflicto? Si la pastoral social es entendida como anuncio de Cristo, nos encontraremos ante algunas diversidades que no son conciliables entre ellas. Y, efectivamente, en el artículo del padre Occhetta no se mencionan situaciones de este tipo. ¿Significa esto que la pastoral social se tiene que ocupar sólo de los conflictos que son conciliables? ¿O que todos los conflictos son conciliables?

En tercer lugar, hay que decir que si la pastoral social ya no es anuncio de Cristo, sino que es únicamente asumir un estilo de discernimiento social y de diálogo, los cristianos y la Iglesia ya no tendrán “algo que les es propio” para decir al respecto, sino que estarán expuestos a las ideologías del mundo. El artículo del padre Occhetta parte, de hecho, del “fenómeno” Greta Thunberg y de las grandes manifestaciones de los jóvenes del pasado 15 de marzo sin ni siquiera aludir al carácter ideologico de ambas cosas.

En cuarto lugar, hay que decir que en esta pastoral social tan horizontal y tan “humana, demasiado humana”, surge una visión del conflicto social como un bien en sí mismo. El conflicto sería un momento dialécticamente útil para llevar la situación a una fase mejor. Habría que asumir siempre el conflicto de manera dialéctica para mediarlo, y dicha mediación no significaría encontrar un punto medio, un equilibrio de compromiso, sino que desearía ser superado dialécticamente hacia lo mejor. Esta visión del conflicto es de tipo historicista (hegeliano, marxista). En realidad, hay conflictos legítimos que son una confrontación entre legítimos intereses sobre cuestiones que pueden ser variadas, pero hay conflictos ilegítimos que rompen el orden natural de las relaciones sociales. Estos últimos conflictos no deben ser mediados sino que hay que combatirlos. Sin embargo, la pastoral social del diálogo y del discernimiento ya no combate nada, salvo quizás en aras de objetivos ideológicos indicados por otros. Hay situaciones en las que no hay conciliación entre el bien y el mal y en las que es necesario combatir el mal y promover el bien. Con el mal no se dialoga, por lo que es absurdo hablar de “mediaciones entre las razones en conflicto”.

En resumen, esta pastoral social está vacía de Cristo, reduce la Iglesia a una agencia social, la expone a las ideologías, hace que se centre en los métodos y no en los contenidos, “horizontaliza” su acción por lo que deja de ser evangelización para convertirse en humanismo, interpreta el conflicto como positividad que hay que mediar, no admite los males intrínsecos respecto a los cuales no hay mediaciones posibles, colabora con todo y con todos y, en su búsqueda de la unidad en la diversidad, acaba aceptando todas las diversidades, también las que son inaceptables.

Stefano Fontana