Carta Abierta al Obispo Schneider Sobre las Vacunas y la Medicina ética.

Excelencia Reverendísima,

Muchas personas en todo el mundo han leído la intervención de V.E. el 19 de febrero de 2021 – Desenmascarando a COVID-19: Vacunas, Mandatos y Salud Global – con gran consuelo, reconociendo en ella una rara y preciosa voz de la verdad.

También en Italia las asociaciones y grupos comprometidos con el derecho a la vida no han permanecido indiferentes. Muchos han encontrado en el llamado de V.E. a un “nuevo movimiento por la vida” -que combata “en forma clara e inequívoca contra los medicamentos contaminados por el aborto, contra el abuso de partes del cuerpo del niño no nacido”- un poderoso estímulo para repensar la acción, ciertamente sin abandonar la meritoria batalla llevada a cabo hasta ahora durante décadas, sino llevándola a una plenitud coherente en la nueva perspectiva de una crítica integral de la legitimidad ética y legal del uso de células embrionarias y fetales en la experimentación y en la industria farmacéutica, cosmética (y afines).

Esto pretende ser precisamente una respuesta de adhesión a su llamamiento del 19 de febrero.

La defensa de la vida humana inocente desde la concepción hasta la muerte natural no puede admitir compromisos ni excepciones. ¡O es intransigente e integral, o no lo es! ¡O es lúcida y rigurosamente coherente, o no lo es!

Reconocer que el ser humano es persona desde su concepción y que nunca deja de serlo, sea cual sea el estado clínico físico y psíquico en el que se encuentre hasta su muerte natural, implica necesariamente tener que reconocer como homicidio cualquier supresión de la vida humana, sin distinción de la edad o condición, prenatal o postnatal, de la víctima.

La supresión de la vida humana inocente no sólo es siempre gravemente ilícita, desde el punto de vista moral, sino que debe ser siempre jurídicamente reprobable. La condena penal del homicidio, sea cual sea la edad prenatal o postnatal de la víctima, es exigida por la justicia, necesaria para todo ordenamiento jurídico.

Ningún ordenamiento jurídico positivo puede pretender ser reconocido como legítimo si contempla la posibilidad de suprimir legalmente a una persona humana inocente. Asimismo, ningún ordenamiento jurídico positivo puede presumir de legitimidad si prevee la posibilidad legal de cosificar e instrumentalizar la vida humana inocente con fines de investigación y/o producción (farmacéutica, cosmética, alimentaria).

Una sociedad que no sólo tolera, sino que incluso llega a considerar normal el uso sistemático y habitual de células derivadas del asesinato de seres humanos inocentes en edad prenatal para los más variados fines, ha perdido la razón y la justicia, así como la capacidad de juicio ético.

Quienes defienden el derecho a la vida, para no caer en una contradicción fatal, no pueden dejar de ser inequívocos al afirmar la absoluta ilicitud moral y jurídica de cualquier forma de aborto voluntario (quirúrgico o químico-farmacológico), así como de cualquier producción y criopreservación de embriones humanos, manipulación y explotación de embriones humanos, infanticidio, eutanasia y suicidio asistido. ¡Pero esto no es suficiente todavía!

Corresponde a los defensores de la vida humana, para no condenarse a la incoherencia y/o a la irrelevancia, tomar nota del hecho de que la producción, la cosificación y la manipulación de los embriones humanos, así como la explotación de las células fetales obtenidas de personas humanas en edad prenatal, forman hoy en día parte de un enorme y global sistema económico, técnico e industrial.

Condenar el aborto, pero sin condenar esa enorme estructura tecno-productiva de la utilización cosificadora/instrumentalizadora de la vida humana en la edad prenatal, si no es hipocresía, es ciertamente miopía intelectual y operativa.

La batalla en defensa de la vida humana hoy sólo puede ser TAMBIÉN un compromiso contra aquellas prácticas y estructuras que degradan la vida inocente a reserva de material biológico, utilizable en el campo de la experimentación y de la producción.

È un compito da condurre sotto tutti i versanti e nel modo più efficace, non ultimo il richiamare ogni uomo alla sollecitudine

Es ante todo una batalla cultural. Se trata de rechazar de la manera más clara posible esa cultura del deseo que considera al ser humano en el período prenatal como disponible para cualquier fin, incluso para convertirse en material de consumo.

Es una tarea que hay que llevar a cabo de todas las maneras y de la forma más eficaz, sobre todo llamando a cada persona al compromiso de:

rechazar CUALQUIER producto (farmacéutico, cosmético, alimentario) que tenga la más mínima relación con la supresión de vidas humanas inocentes;

boicotear (por ejemplo, negándose a ser clientes, accionistas, tenedores de bonos, etc.) a TODAS aquellas empresas que utilicen células embrionarias y/o fetales en sus actividades de producción o experimentación.

Se trata entonces de actuar a nivel jurisprudencial y legislativo, para que cualquier uso de células embrionarias y fetales humanas derivadas de la supresión de la vida humana inocente sea legalmente reprendido y sancionado penalmente, e igualmente se prohíba legalmente cualquier comercio de células y/o tejidos humanos.

Esto NO en contra de la medicina y los productos farmacéuticos, sino a favor de una producción éticamente llevada a cabo de medicamentos y cosméticos. Ninguna vacuna, ningún medicamento, ningún cosmético, ningún alimento debe producirse o probarse utilizando células embrionarias y/o fetales humanas, obtenidas del asesinato de un inocente. Todo uso y todo comercio de células y tejidos embrionarios/fetales humanos, derivados de la supresión de una vida inocente, es moralmente inaceptable y debe ser legalmente excluido.

Este es el compromiso integral y coherente para las asociaciones y grupos que tienen como objetivo la defensa de la vida humana.

Por ello, nos comprometemos a dar continuidad ideal y una implementación generosa al llamamiento lanzado por V.E. el 19 de febrero de 2021.

Le pedimos su bendición;

 

Mirco Agerde – Movimento Mariano Regina dell’Amore

Gianfranco Amato – Giuristi per la Vita

Antonio Brandi – Associazione Pro Vita & Famiglia

Giorgio Celsi – Associazione Ora et labora in difesa della Vita

Francesco Fontana – Associazione Iustitia in Veritate

Giovanni Formicola – Opzione Benedetto

Massimo Viglione – Confederazione dei Triarii

Francesco Agnetti (giurista)

Francesco Mario Agnoli (magistrato, Presidente aggiunto della Suprema Corte di Cassazione, già membro del Consiglio Superiore della Magistratura)

Milton Amabile (farmacista)

Francesco Avanzini (medico)

Dottoressa Patrizia Azzali (medico)

Pier Luigi Bianchi Cagliesi (giornalista)

Antonio Bianco (coordinatore della Triarii Web Tv)

Eleonora Bonfanti (studentessa, Presidente di Nova Civilitas Giovani)

Luca Campanotto (giurista)

Fabio Candalino (giurista)

Maria Capozza (giurista, presidente Associazione Giovanna d’Arco ONLUS)

Marco Casadei (medico)

Anna Egidia Catenaro (giurista, presidente Associazione Avvocatura in Missione)

Ugo Cepparulo (giurista)

Palmiro Clerici (medico veterinario)

Cecilia Collini (giurista)

Dottoressa Marina Corsi (farmacista)

Dottoressa Cristina Costa (docente)

Dottoressa Silvana De Mari (medico)

Matteo De Martino (medico)

Donato Carmelo Dellino (medico, responsabile dell’Associazione Medicina e Persona Puglia)

Alfredo de Matteo (membro del Comitato per la Marcia per la Vita)

Luca Di Fazio (giurista)

Stefano Fontana (presidente Associazione LiFE-libertà famiglia educazione)

Enzo Fortunato (presidente Associazione Europa Benedettina)

Paolo Gabelli

Luca Ghirardi (giurista)

Cristiano Gobbi (giurista e canonista, Presidente Circolo culturale G. Mattiussi S.J.)

Roberto Grieco (medico)

Emilio Guidi

Paolo Gulisano (medico)

Dottoressa Maria Eleonora Iannucci (farmacista)

Vladimir Kosic (già Assessore alla Sanità della Regione Autonoma Friuli Venezia Giulia)

essa Rosanna Lallone (consulente Welfare del Centro servizi al volontariato di Bari)

Alessandro Laudani (medico)

Stefano Martinolli (medico)

Dottoressa Wanda Massa

Massimiliano Mirto (docente di filosofia)

Carmine Napolitano (medico)

Simone Ortolani (giornalista, Presidente Associazione culturale San Michele Arcangelo)

Dottoressa Valentina Plano (farmacista)

Domenica Riello (giurista)

Manuela Romano (giurista)

Mauro Roseano (medico)

Dottoressa Arianna Scala (farmacista)

Bruno Sconocchia (giurista, presidente Associazione Sunodia)

Clara Suardi (ostetrica)

Paolo Tanga (già Direttore Principale di Banca d’Italia)

Luciano Tenze (medico)

Enrico Tolentinati (medico)

Chiara Torti (ostetrica)

Marco Tosatti (giornalista)

Daniele Trabucco (docente di diritto costituzionale)

Giovanni Turco (docente di filosofia del diritto)

Dottoressa Chiara Margherita Ulisse (infermiera)

Piero Uroda (farmacista, Presidente dell’Unione Farmacisti Cattolici Italiani)

Aldo Maria Valli (giornalista)

Dottoressa Maria Prassede Venturini (medico)

Fabrizio Verduchi (Presidente di Italia Cristiana)