La Iglesia en Europa

«¿Están locos, han perdido la cabeza o su moral es no tenerla?»: dura carta de Cañizares al Gobierno. Por Cardenal Antonio Cañizares

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El cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia, ha calificado como “derrota del hombre” y de “España entera” la más que probable regulación de la eutanasia que sigue avanzando en el Congreso.

En una carta abierta, el purpurado valenciano se dirige al presidente Pedro Sánchez, a los miembros del gobierno y a los diputados que votaron a favor de la eutanasia: “¿Están ustedes locos, han perdido la cabeza o su moral es no tenerla?”.

“Dense cuenta – agrega Cañizares- que ustedes como Gobierno o como Parlamentarios están para defender, proteger, tutelar el bien común, basado en derechos y deberes fundamentales de la sociedad a la que representan, -el primero es el de la vida-, y resulta que se han convertido en enemigos, que se oponen a la sociedad, dispuestos a derrotar esa sociedad a la que representan y deben proteger, al propugnar semejante propuesta de Ley, que difunde y agranda una cultura de muerte, además, en medio de la Pandemia del Covid-19”.

El cardenal recuerda que todavía están “a tiempo de rectificar y que su “responsabilidad como obispo y como ciudadano no me permite callar”.

Carta íntegra del cardenal Cañizares

PALABRAS CLARAS ANTE LA DERROTA DEL HOMBRE

Gran despliegue mediático ayer y hoy por lo que se califica la gran “derrota histórica” del Gobierno ante el tema, en el que están en juego los dineros de los Ayuntamientos. Pero infinitamente mayor e histórica, humillante, fue ayer la derrota de España entera, de la sociedad española, de las gentes que aquí habitamos, derrota también de la humanidad, del hombre mismo, por la aprobación a trámite de la ley de eutanasia, suicidio asistido, y por el rechazo de otras propuestas sobre cuidados paliativos que mejoraban la actual legislación.

Señor Presidente del Gobierno, miembros del Gobierno, ministros, parlamentarios que aprobaron semejante injusticia, por lo demás, monstruosa, ¿están ustedes locos, han perdido la cabeza o su moral es no tenerla? Dense cuenta que ustedes como Gobierno o como Parlamentarios están para defender, proteger, tutelar el bien común, basado en derechos y deberes fundamentales de la sociedad a la que representan, -el primero es el de la vida-, y resulta que se han convertido en enemigos, que se oponen a la sociedad, dispuestos a derrotar esa sociedad a la que representan y deben proteger, al propugnar semejante propuesta de Ley, que difunde y agranda una cultura de muerte, además, en medio de la Pandemia del Covid-19. ¿qué credibilidad pueden mantener ante dicha Pandemia? ¿Con qué autoridad moral pueden dirigirse a ese pueblo y pedirnos lo que se nos pide? ¿No se ven como un signo de contradicción?

Todavía están a tiempo de rectificar, como tantas veces se rectifica en la gestión de Gobierno o en tareas y responsabilidades parlamentarias. No es inmiscuirme en política, pero mi responsabilidad como Obispo y como ciudadano no me permite callar. Y así debo denunciar ante la opinión pública este comportamiento, como también a medios de comunicación que tanta importancia le han dado al “asunto de los alcaldes”, y tan poco relieve, sin embargo, le han dado al de la eutanasia que constituye no una derrota histórica de un Gobierno, sino una derrota de todo un Estado, y que es un problema infinitamente mayor y grave, aunque ustedes no lo vean así, y les respeto. Con legislaciones como esa no se edifica una verdadera fraternidad de auténticos hermanos de una nueva civilización de amor que construye la paz y es capaz de hacer frente a la pandemia.

Antonio Cañizares Llovera

 

CEE. MENSAJE ANTE LA JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

MENSAJE ANTE LA JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN
POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN
(1 de septiembre de 2020)

 EL CUIDADO DE LA FRAGILIDAD

 

El Papa Francisco nos ha recordado que la pandemia del COVID19 ha sido una auténtica tempestad, pues ha “desenmascarado nuestra vulnerabilidad y ha dejado al descubierto nuestras falsas y superfluas seguridades”[1]. Como consecuencia de ello, vivimos tiempos de hondo sufrimiento, incertidumbre y perplejidad que agudizan la urgencia del cuidado de la fragilidad.

La experiencia de estos meses de pandemia ha puesto al descubierto la convicción, expresada en Laudato si, “de que en el mundo todo está conectado”[2]. Estamos experimentando a flor de piel la interdependencia planetaria, la corresponsabilidad fraterna y la necesidad de la compasión humana.

Esta tempestad global, ha impactado en un mundo sumido en una profunda “crisis de los cuidados”. Esta crisis tiene sus manifestaciones en los descuidos hacia “nuestra oprimida y devastada tierra” (LS 2), en los descuidos hacia nuestros hermanos y hermanas bajo la “cultura del descarte” (LS 43), y en el descuido de nuestra vida interior que tanta relación tiene con “el cuidado de la ecología y con el bien común” (LS 225).

En tiempos de zozobra, cuando los descuidos nos asaltan, hemos de pedir a Dios una auténtica revolución de la ternura y de los cuidados que nos ayude a mostrar, desde la oración y el servicio silencioso, que “el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (LS 70). Velar responsablemente por nuestra vida es un imperativo evangélico, pero este cuidado no puede convertirse en un egoísmo indiferente que olvida a los prójimos y no custodia la creación “que gime bajo dolores de parto” (Rom 8, 22). En ningún momento hemos de olvidar “la unción de la corresponsabilidad para cuidar y no poner en riesgo la vida de los demás”[3].

“La Caridad de Cristo nos apremia” (2 Cor 5,14) y nos impulsa a cuidar la fragilidad de nuestra “madre tierra, la de nuestros semejantes y la propia, pues somos “templos del espíritu”[4]. En todo momento, hemos de reconocer que no son dimensiones independientes, sino espacios intrínsecamente relacionados entre sí que aspiran a construir una “sociedad de los cuidados”.

“Custodios de todo lo creado” (LS 236)

Como Obispos de la Comisión Episcopal para la Pastoral social y Promoción humana, queremos haceros participes de nuestros sueños en un mundo donde los cuidados estén en el centro de la política, la economía, la ética, la familia y la pastoral.

La conversión ecológica se hace apremiante en nuestros días. La crisis del COVID19, como nos ha recordado el Papa reiteradamente no es un asunto absolutamente independiente de la crisis ecológica que vive el planeta. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación tienen una relación directa con la génesis y desarrollo de enfermedades. Cuidar de la “madre tierra” lleva consigo nuestro propio cuidado, pues no podemos olvidar que “somos tierra” (LS 2).

Con especial intensidad, en estos tiempos de tránsito, custodiar la casa común significa construir una “cultura del cuidado” de la Creación. “La ecología también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad” (LS 143) para promover un nuevo estilo de vida[5]. La cultura del cuidado de la Creación debe “cultivar sin desarraigar” (QA, 28) una verdadera conversión de las ideas, las actitudes y las prácticas. Un cultivo para cosechar miradas “que vayan más allá de lo inmediato” (LS 36) y que aceleren la venida del Reino[6].

Cuidar del prójimo

Estos meses hemos podido contemplar el potencial humano para el cuidado de los hermanos y hermanas. Las profesiones del cuidado han sido testimonio de la grandeza de la humanidad, las familias han sabido acompañar incluso en la distancia, las organizaciones sociales han respondido con prontitud y creatividad al impacto social de la pandemia, y la Iglesia, desde su profunda humildad, se ha mostrado “experta en humanidad” (Pablo VI) en momentos complejos. Las personas, creadas para amar, hemos constatado que “en medio de los límites brotan inevitablemente gestos de generosidad, solidaridad y cuidado (LS 58).

También, con dolor profundo, hemos podido observar el abandono injusto de miles de personas mayores por el mero hecho de la edad, el crecimiento de las desigualdades sociales y educativas, así como algunas prácticas irresponsables de personas e instituciones que hacen aún más urgente una conversión de los cuidados.

Toda la vida está en juego cuando descuidamos la relación con el prójimo, pues tenemos el encargo y el deber de cuidar y custodiar a nuestros prójimos cercanos y lejanos. “Cuando todas estas relaciones son descuidadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida está en peligro” (LS 70).  la Iglesia debe participar en las cadenas globales de cuidados que se expresan desde la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta[7].

Espiritualidad del cuidado

No hay conversión pastoral posible sin el cuidado profundo del gusto espiritual de ser tierra[8] y pueblo[9]. La paz interior, la profundidad del corazón, la experiencia de sentirse cuidado por un “Dios que es Amor” (1ª Jn 4,8) son condiciones básicas “para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo y para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente” (LS 241).

Sin una mística que nos anime, nos aliente y nos sostenga, es imposible construir una auténtica sociedad de los cuidados. Necesitamos de “la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo” (LS 216) y para experimentar que “todo lo puedo con el que me da fuerzas” (Flp 4, 13).

La cultura del cuidado no se fundamenta únicamente en el desarrollo ético de nuestras actitudes y prácticas, sino que exige que “despertemos el sentido estético y contemplativo”[10] para acoger con gratitud y gratuidad la misión a la que somos convocados.

En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, pidamos al Señor, que es el primero en cuidar de nosotros, que “nos enseñe a cuidar de nuestros hermanos y hermanas, y del ambiente que cada día Él nos regala” (QA 41), desde la honda espiritualidad evangélica que nos alienta. Nos unimos en este quinto aniversario de la encíclica Laudato si a la convocatoria del Papa Francisco para celebrar un año especial, que va desde el 21 de mayo de 2020 hasta el 24 de mayo de 2021, año en el que “todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades” (LS, 14).

Departamento de Ecología Integral

Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana

 


[1] Bendición “urbi et orbi” del Santo Padre Francisco. Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia. Viernes, 27 de marzo de 2020

[2] FRANCISCO. Encíclica Laudato si, 16. En adelante LS.

[3] Papa Francisco “Un Plan para Resucitar”. Revista Vida Nueva 17/04/2020

[4] Cfr. 1 Corintios 6:19

[5] Cfr. LS 211

[6] Cfr: 2 Pe 3,12

[7] Cfr.LS 16

[8] Cfr. LS 2

[9] FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium,268

[10] PIO XI.Encíclica Quadragesimo anno, 56

Germán Masserdotti. Fundamentos filosóficos de la Doctrina Social de la Iglesia.

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) “halla su fundamento esencial en la Revelación bíblica y en la Tradición de la Iglesia”. Esta afirmación supone que la fe “que acoge la palabra divina y la pone en práctica, interacciona eficazmente con la razón” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 74).­

Sucede que la fe y la razón “constituyen las dos vías cognoscitivas de la doctrina social, siendo dos las fuentes de las que se nutre: la Revelación y la naturaleza humana. El conocimiento de fe comprende y dirige la vida del hombre a la luz del misterio histórico-salvífico, del revelarse y donarse de Dios en Cristo por nosotros los hombres. La inteligencia de la fe incluye la razón, mediante la cual ésta, dentro de sus límites, explica y comprende la verdad revelada y la integra con la verdad de la naturaleza humana, según el proyecto divino expresado por la creación, es decir, la verdad integral de la persona en cuanto ser espiritual y corpóreo, en relación con Dios, con los demás seres humanos y con las demás criaturas” (CDSI, 75).­

La DSI “dicta los criterios fundamentales de la acción pastoral en el campo social: anunciar el Evangelio; confrontar el mensaje evangélico con las realidades sociales; proyectar acciones cuya finalidad sea la renovación de tales realidades, conformándolas a las exigencias de la moral cristiana” (CDSI, 526). Y, por cierto, dicho cometido se lleva a cabo teniendo en cuenta esa interacción jerarquizada que se da entre la fe y la razón.­

En esta oportunidad, entonces, nos detendremos en algunos presupuestos filosóficos de esta luz y norma de las conductas los pueblos y de los gobiernos para el restablecimiento de todo en Cristo (cf. Ef 1, 10) que es la misma Doctrina Social de la Iglesia.­

En un trabajo de síntesis admirable titulado “Santo Tomás y el orden social” -publicado en la revista Mikael en 1974-, Carlos Alberto Sacheri enuncia y explica brevemente los fundamentos antropológicos que pueden iluminar nuestra reflexión. El filósofo argentino observa que es necesaria “una admirable y completa doctrina de la persona humana” para una acertada elaboración social y política. Resalta la unidad substancial del hombre a la vez que la naturaleza destacada del alma humana en relación al cuerpo.­

El hombre puede definirse “como animal racional, esto es, como ser a la vez corporal y espiritual, sensible y racional, afectivo y volitivo, verdadero microcosmos u horizonte ontológico, que resume en su totalidad psicosomática los confines del universo material con el linde sublime de las substancias separadas o inteligencias puras”, sintetiza Sacheri. El hombre es un ser personal.­

Simultáneamente, el hombre es libre. La libre voluntad humana “le permite obrar por sí misma, sin coacción exterior o necesidad interior, con relación a todos los bienes parciales que la razón le presenta como perfectivos para el sujeto y sin que constituyan su bien absoluto o bonum humanum perfectum. Tal es el fundamento metafísico de la libertad humana”.­

Por último, el hombre es responsable. Debido a que el hombre es libre, “como consecuencia de su aptitud intelectual para alcanzar la verdad de las cosas, se sigue asimismo que el hombre es responsable de las consecuencias de sus actos voluntarios, según testimonia nuestra experiencia moral. Racionalidad, libertad y responsabilidad son, por consiguiente, tres propiedades esenciales del ser humano”. Esta condición de la naturaleza humana resulta fundamento de la dignidad excepcional del hombre. Siguiendo al mismo Tomás de Aquino, nuestro autor afirma que tanto más elevada es la persona cuanto más individual es. Por esto resulta falsa la antinomia individuo-persona.­

De esta manera, cuando en otra oportunidad consideremos la sociabilidad natural del hombre, podremos comprender mejor que ella es “el principio vinculador de la antropología con la filosofía social”.­

Lo dicho hasta el momento podría resultar una mera elucubración teórica elaborada por expertos en la materia si no fuera porque, al menos según las novedades amplificadas por los medios, suele comprobarse que las propuestas prácticas para restablecer un orden social justo están más teñidas de ideología que sostenidas en una auténtica doctrina social que, de modo sapiencial, establece un feliz consorcio entre la fe y la razón y entre la teología, la filosofía y el resto de las ciencias. Por esto, conviene recordarlo: la solución es la Doctrina Social de la Iglesia, no la ideología ni cualquier otro tipo de reduccionismo.­

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PERMANEZCAMOS UNIDOS. Declaración conjunta de los Presidentes de la COMECE y la CEC en el contexto de la pandemia de COVID-19. 02.04.2020

Declaración conjunta

de los Presidentes de la COMECE y la CEC

en el contexto de la pandemia de COVID-19

PERMANEZCAMOS UNIDOS

Este es el momento de mostrar nuestro compromiso con los valores europeos

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Los obispos belgas condenan el posible avance de la legislación a favor del aborto

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Se pretende que sea una «intervención médica ordinaria»

Los obispos belgas condenan el posible avance de la legislación a favor del aborto

La Conferencia Episcopal de Bélgica ha hecho público un comunicado en contra de la posibilidad de que el aborto se convierta en una «intervención médica ordinaria», lo que supondría convertirlo de facto en un derecho.

 (InfoCatólica) La actual legislación en Bélgica todavía mantiene sanciones contra las mujeres y el personal médico que participa en un aborto no regulado por la ley, que establece doce semanas de gestación para abortar sin impedimento y seis días de reflexión entre la solicitud de una mujer y la operación.

Los políticos belgas proabortistas pretenden que se amplíe a dieciocho las semanas de gestación para abortar libremente y se reduzca a 48 horas el tiempo obligatorio de reflexión.

Pero lo más importante es la consideración de la eliminación de la vida humana en el seno materno como una operación médica «ordinaria», lo que convertiría de facto el aborto en un derecho de la mujer.

Eso es lo que los obispos condenan, asegurando que «Más allá de un cambio en la práctica, este es un cambio en el significado del aborto», y advierten que «considerar el aborto como un simple acto médico también lo convierte en un derecho» y además, para el médico,«invocar la noción de libertad de conciencia, incluso si se mantiene, será cada vez más difícil»

Los obispos, tras indicar que el estado de derecho debe garantizar «la protección de la dignidad humana y la integridad física de todos», preguntan: «¿No debe ser igual para toda vida humana antes de nacer? ¿Por qué pretender que aún no es vida? ¿Dónde está el límite? ¿Por qué precisamente ese límite? ¿Por qué estas cuestiones se debaten tan raramente, si es que alguna vez se debaten?»-

Los prelados aseguran que el tema del aborto afecta a toda la sociedad y no se puede abordar tan «rápidamente y sin un debate de fondo».

Comunicado íntegro de la Conferencia Episcopal de Bélgica (en francés)

ANTE LAS ELECCIONES AL PARLAMENTO ANDALUZ. Nota de los Obispos de las Diócesis de Andalucía. 20.11.2018

Nota de los obispos de las Diócesis de Andalucía ante las elecciones en dicha comunidad autónoma de España del próximo 2 de diciembre

Con motivo de las elecciones convocadas en la Comunidad autónoma de Andalucía para el próximo día 2 de diciembre, los Obispos de las Diócesis de Andalucía queremos llamar la atención sobre la importancia de participar responsablemente en ellas. Con esa participación se cumple el deber moral que todo ciudadano tiene siempre en la búsqueda y afianzamiento del bien común de la sociedad en que vive.

Al ofrecer estas orientaciones, en cumplimiento de nuestro deber como pastores del Pueblo de Dios, deseamos prestar un servicio a los católicos y a cuantos quieran escucharnos, sin otra pretensión que ofrecer elementos de juicio a la hora de decidir el voto, del cual depende la consecución del bien común de la sociedad, fundado en los derechos fundamentales de las personas y grupos sociales.

Tenemos presente que ninguna opción política recoge en sus programas la experiencia de la Iglesia o la totalidad de la Doctrina Social. Habrá que discernir qué programa se acerca más y para ello, en cumplimiento de nuestro deber como pastores del Pueblo de Dios, ofrecemos las presentes orientaciones para aquellos que quieran discernir y formar criterios a la luz de la Doctrina de la Iglesia. Es necesario respetar:

1. El derecho inviolable a la vida humana. Es importante discernir en los programas de los partidos la garantía del derecho a la vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural. Esto significa no aceptar la proclamación del aborto y de la eutanasia como un derecho de algunos en detrimento de la vida de los más indefensos.

2. El reconocimiento, la promoción y la ayuda a la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa frente a los intentos de discriminarla con formas diferentes de unión que oscurecen su carácter propio y su papel social insustituible.

3. La protección del derecho de los padres a educar a sus hijos segúnlas propias convicciones morales y religiosas, previsto en la Constitución. Hoy es particularmente necesario promover una educación que promueva la búsqueda y el conocimiento de la verdad, así como respetar la libertad de los padres que quieran educar a sus hijos en sus valores morales, sin que se les imponga una visión ética concreta, ni la imposición de la ideología de género.

4. La defensa y la ayuda a los sectores más débiles de nuestra sociedad, entre los que se encuentran especialmente los ancianos, las personas que carecen de trabajo o no tienen un trabajo decente, los jóvenes y los inmigrantes. Urge promover las condiciones que hagan posible la productividad, la creación de nuevos puestos de trabajo sin soslayar el sentido de la justicia y de la solidaridad en la contratación laboral. Del mismo modo, es urgente la promoción de una opinión pública y de una legislación respetuosa con la dignidad de los inmigrantes, así como una regulación responsable de los procedimientos para su entrada y para su integración en la sociedad.

5. El momento histórico nos pide a todos construir una vida social más justa y pacífica. Queremos advertir a nuestros fieles de aquellas formaciones políticas cuyos dirigentes se dejan llevar por el populismo y la demagogia sobre nuestra historia. Frente a la fragmentación y confrontación social, se ha de promover el valor humano y social de la reconciliación, el diálogo y la amistad entre las personas, aun cuando no compartan la misma concepción del ordenamiento social, ni profesen las mismas creencias.

6. Finalmente, no podemos olvidar que, a la hora de emitir el voto, solo se hace posible la edificación de una sociedad más justa y pacífica actuando con inteligencia, libertad y responsabilidad en la búsqueda del bien común, sin olvidar la prioridad por los más desfavorecidos.

En nuestra oración a Dios, nuestro Señor, encomendamos a todas nuestras familias y comunidades eclesiales que eleven preces al Señor, para que las próximas elecciones regionales en Andalucía contribuyan al bien de nuestra sociedad, fundado en la verdad, la justicia, la libertad y la paz. Así lo pedimos cada día invocando a la Virgen María, Madre de la Iglesia, Reina de la Paz.

20 de noviembre de 2018

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La Iglesia de Francia interviene ante Proyecto de Ley Bioética. 20.09.2018

 

El Parlamento francés ha comenzado la revisión de la ley Bioética, la cual se extiende al derecho de reproducción médica asistida para las mujeres solteras o del mismo sexo. Actualmente, la ley francesa solo autoriza la reproducción médica asistida para las parejas heterosexuales, mediante una fecundación in vitro o una inseminación artificial de espermatozoides, de óvulo o de embriones en caso de esterilidad.

En ese sentido la Conferencia de Obispos de Francia, emite un comunicado donde explica su posición sobre la Asistencia médica para la procreación (AMP).

La dignidad de la persona incluye la procreación

En la declaración firmada por todos los prelados del país galo señalan lo siguiente: «La dignidad de la procreación, la Iglesia Católica recuerda el significado del valor de procreación: acto humano profundo y cuya manipulación socavaría seriamente el valor de la fraternidad que funda el pacto social en nuestra sociedad».

Con este pronunciamiento, los Obispos, enfatizan en primer lugar que la procreación constituye la dignidad de la persona. Seguidamente, los prelados detallan los principales problemas éticos planteados por el AMP, que explica los principales obstáculos éticos encontrados por el proyecto de apertura AMP a este sector de la población.

En ese sentido, la Iglesia Católica de Francia, se preocupa porque el valor de la fraternidad de la sociedad se vea afectado al no estar preparada para una evolución legislativa que extendería el uso de Técnicas AMP. Avances científicos que estarían ligados a intereses individuales a corto plazo; técnica la cual no justificaría la construcción de una nueva sociedad para satisfacer los interés particulares de ciertas minorías.

«Darle vida a un niño es una de las experiencias más fuertes, una fuente de asombro profundo, una responsabilidad de los más grandes. Las tradiciones bíblicas los consideran como regalo y una bendición de Dios. Además, la Iglesia Católica quiere estar atenta al deseo de tener hijos y el sufrimiento debido a la infertilidad». En ese sentido, – dice el comunicado – «Alentamos todo tipo de investigación dirigida a prevenir esta infertilidad o curarla. Además, hacemos hincapié en el tipo de bienvenida y respeto debido a los niños, independientemente de los medios utilizados para su llegada al mundo».

Intervención en el debate de Ley Bioética

En ese sentido, los obispos franceses quieren dar a conocer su postura sobre esta revisión del Proyecto de Ley sobre Asistencia médica para la procreación (AMP), para parejas de mujeres o mujeres solteras, con la cual podamos obtener un espacio de diálogo en donde pueda llegar a un raciocinio sobre dicho Proyecto de Ley.

«Como obispos de Francia, hemos escuchado de manera respetuosa a personas y sus situaciones de vida, nos gustaría contribuir a estos debates proponiendo un discernimiento ético basado en la razón. Lo hacemos en un espíritu de diálogo donde los argumentos son presentados», concluye el comunicado.

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Mensaje de la CEE para la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la creación.01-09-2018

El 1 de septiembre se celebra la Jornada Mundial de oración por el cuidado de la creación. Con este motivo, la Comisión Episcopal de Pastoral Social hace público un mensaje en el que recuerda que el agua y la energía son dos pilares básicos de la Casa Común.

Agua y energía: dos pilares básicos de la Casa Común

MENSAJE ANTE LA JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN
 (1 de septiembre de 2018)

 

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