La Iglesia en Italia

Arzobispo Viganò. Carta a las Madres “¡Salvemos a nuestros niños de la dictadura de la salud!

Carta a las Madres  
“¡Salvemos a nuestros niños de la dictadura de la salud! 
¡Salvemos a Italia de la feroz tiranía globalista!”

Admirados Señores y queridísimas Madres:

Recibí su amable correo electrónico, en el que me informan sobre la iniciativa prevista para el próximo 5 de septiembre, cuyo propósito es la protección de la salud física, moral y espiritual de sus hijos. En respuesta a ustedes, me dirijo a todas las madres de Italia.

La manifestación que ustedes promueven tiene la intención de reunir a la disidencia ciudadana y en particular a la de los padres de familia,  frente a las normas que el Gobierno -abusando de su poder y de cara al nuevo curso escolar- se dispone a dictar. Estas normas tendrán repercusiones muy graves en la salud y en el equilibrio psicofísico de los alumnos, como -de manera acertada- ya lo han destacado expertos autorizados.

En primer lugar, debe ser denunciado el intento sistemático de demoler a la familia, que es la célula de la sociedad, así como la multiplicación de los feroces ataques no solo en contra de la unión conyugal que Cristo elevó a nivel Sacramento, sino también en contra de su propia esencia, es decir, el hecho de que el matrimonio por su naturaleza, está formado por un hombre y una mujer, a través de un vínculo indisoluble de fidelidad y ayuda recíprocas.

La presencia de un padre y de una madre es fundamental en el crecimiento de los niños, los cuales necesitan de una figura masculina y de una figura femenina como referente para su desarrollo integral y armónico.  Tampoco podemos permitir que los niños, en la delicadísima fase de su niñez y adolescencia, sean utilizados para reclamos ideológicos que dañen gravemente su equilibrio psicofísico por parte de aquellos que con su propio comportamiento rebelde, rechazan la propia noción de la naturaleza. Se  puede comprender fácilmente, cuál puede ser el impacto de la destrucción de la familia en el consorcio civil: todos tenemos frente a nuestros ojos los resultados de décadas de políticas desafortunadas que nos han llevado de manera inevitable a la disolución de la sociedad.

Estas políticas, inspiradas en principios que contradicen tanto, a la Ley natural inscripta en el hombre por el Creador, en cuanto Ley positiva que Dios le dió en los Mandamientos,  vienen a dar el consentimiento para que los niños sean puestos a merced del capricho de los individuos, y que la sacralidad de la vida y  de la concepción, sean incluso objeto de comercio, humillando con ello a la maternidad y a la dignidad de la mujer.  Los hijos no pueden ser comisionados a yeguas, a cambio de una tarifa, todas vez que ellos son el fruto de un amor que la Providencia ha establecido, por lo tanto deben permanecer siempre y en todo caso, dentro del orden natural.

Los padres de familia tienen tanto la responsabilidad como el derecho primordial e inalienable, de la educación de sus hijos: el Estado no puede arrogarse este derecho y mucho menos corromper a sus hijos y adoctrinarlos con los perversos principios que al día de hoy se encuentran tan difundidos.  Queridas Madres, no olviden que este es el sello distintivo de los regímenes totalitarios, y no de una nación civil y cristiana. Por lo tanto es su deber levantar la voz para que estas tentativas de arrancarles a ustedes la educación de sus hijos, sean denunciadas y rechazadas con fuerza, porque muy poco podrán hacer por ellos, cuando vuestra Fe, vuestras ideas y vuestra cultura sean juzgadas como incompatibles con las de un Estado impío y materialista. Y no se trata solamente de imponerles una vacuna a sus niños y jóvenes, sino además de corromper sus almas por medio de doctrinas perversas, con la ideología de género, con la aceptación del vicio y de la práctica de conductas pecaminosas.  Ninguna ley puede jamás convertir legítimamente en un crimen, a la afirmación de la verdad, porque la máxima autoridad proviene de Dios, quien es la Verdad más elevada en Sí misma. El testimonio heróico de los Mártires y Santos fue la respuesta a la opresión de los tiranos: ¡Hoy  también ustedes [como ellos], son valientes testigos de Cristo, contra un mundo que quiere someternos a las fuerzas desatadas del Infierno!

Otro aspecto crucial en esta batalla por la familia, es la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. El crimen del aborto, que ha cobrado millones de víctimas inocentes y que clama venganza al Cielo, hoy es considerado como una prestación sanitaria normal, y precisamente en estos días el Gobierno ha autorizado el uso  generalizado de la píldora abortiva, incentivando con ello, un crimen abominable, al mismo tiempo que se calla ante las terribles  consecuencias que esto trae a la salud psicofísica de la madre.  Si reparamos en el hecho de que durante el confinamiento se suspendieron todos los tratamientos a los enfermos, pero que los abortos continuaron, comprenderemos bien, cuáles son las prioridades de quienes nos gobiernan: ¡La cultura de la muerte!

¿Qué clase de progreso se puede invocar cuando la sociedad mata a sus propios hijos, cuando la maternidad es horriblemente violada, en nombre de una elección que no puede ser gratuita, ya que involucra a una vida inocente y viola a un Mandamiento de Dios?, ¿Qué prosperidad puede esperar nuestra Patria, qué bendiciones de Dios, si se hacen sacrificios humanos en sus clínicas, como en los tiempos de la barbarie más sangrienta?

La idea de que los niños son propiedad del Estado, es repugnante para toda persona humana. En el orden social cristiano, la autoridad civil ejerce su poder para garantizarle a los ciudadanos que el bienestar natural esté ordenado hacia el bien espiritual. El bien común, perseguido por el Estado en las cosas temporales, tiene un objeto bien definido que no puede ni debe estar en conflicto con la Ley de Dios,  que es el Supremo Legislador.  Siempre que el Estado viole esta Ley eterna e inmutable, su autoridad falla y los ciudadanos deben negarse a obedecerla. Esto ciertamente se aplica a la odiosa ley del aborto, pero también debe aplicarse a otros casos en los que el abuso de autoridad se refiere a la imposición de vacunas, cuya peligrosidad se desconoce o que por su propia composición, implica problemas éticos. Me refiero, por ejemplo, al caso en el que una vacuna contenga material fetal de bebés abortados.

Pero también hay otros aspectos inquietantes además de los ya contemplados, que conciernen no solo a los contenidos de la educación, sino también a los métodos de participación en las clases, tales como el distanciamiento social, el uso de cubrebocas, así como otras formas de supuesta prevención del contagio, dentro de las aulas y en los entornos escolares, los cuales causarán graves daños, al equilibrio psicofísico de niños y jóvenes, comprometiendo las habilidades de aprendizaje, las relaciones interpersonales entre alumnos y profesores, y que los reducirán a autómatas a los que se les ordena no solo qué pensar, sino también cómo moverse y cómo respirar.

Pareciera que la misma noción de sentido común que debería supervisar decisiones llenas de  consecuencias en la vida social, se ha perdido, y también pareciera presagiar un mundo inhumano en el que a los padres les serán robados sus hijos, si se los considera positivos al virus de la gripe, [un mundo] con protocolos de tratamiento de salud obligatorios, aplicados en las dictaduras más feroces.  También es muy desconcertante saber que la OMS ha elegido a Mario Monti como Presidente de la Comisión Europea para la Salud y el Desarrollo, quien se destacara por las medidas draconianas en contra de Italia, entre las que no debe olvidarse la drástica reducción de fondos públicos para el sector hospitalario.

Estas perplejidades se ven confirmadas por la pertenencia de este personaje, a organismos supranacionales como la Comisión Trilateral y el Club Bilderberg, cuyos fines contrastan claramente con los valores inalienables amparados por la propia Constitución, vinculantes para el Gobierno. Esta mezcla de intereses privados en los asuntos públicos y que está inspirada en los dictados del pensamiento masónico y globalista, debe ser objeto de una enérgica denuncia por parte de los representantes de la ciudadanía, así como de quienes ven usurpados sus legítimos poderes, por una élite que nunca ha ocultado sus intenciones.

No debemos perder de vista un elemento fundamental: la búsqueda de fines perversos de orientación ideológica, invariablemente va acompañada -como una vía paralela-  de un interés de carácter económico.  Es fácil estar de acuerdo en que no hay lucro en la donación voluntaria del cordón umbilical, como tampoco lo hay en la donación de plasma hiperinmune para el tratamiento del Covid; y viceversa, es extremadamente rentable para las clínicas abortistas, proveer tejidos fetales y para las empresas farmacéuticas producir anticuerpos monoclonales o plasma artificial. Por lo tanto, no es de extrañar, que en una lógica del mero lucro, las soluciones más razonables y éticamente sostenibles sean objeto de una deliberada campaña de descrédito: hemos escuchado a los autodenominados expertos, promover tratamientos ofrecidos precisamente por empresas en las que ellos mismos -en claro conflicto de intereses- tienen acciones o son consultores bien remunerados por ellas.

Dicho esto, es necesario comprender si la solución de la vacuna, siempre representa la respuesta sanitaria adecuada a un virus: por ejemplo, en el caso del Covid, muchos exponentes de la comunidad científica coinciden en que es más útil desarrollar la inmunidad natural, en lugar de inocular el virus despotenciado. Pero incluso en este caso, como sabemos, la inmunidad de rebaño se consigue sin costo alguno, mientras que las campañas de vacunación implican grandes inversiones y garantizan ganancias igualmente elevadas, para quienes las patentan y producen. Y también debe comprobarse -pero en esto los expertos seguramente podrán expresarse con mayor competencia- si es posible producir una vacuna para un virus que según los protocolos de la Medicina basada en la Ciencia, parece no haber sido aislado todavía. También hay que saber cuáles pueden ser las consecuencias del uso de vacunas de nueva generación, genéticamente modificadas.

La Sanidad mundial, piloteada por la OMS se ha convertido en una auténtica multinacional que tiene como finalidad el beneficio de los accionistas (empresas farmacéuticas y las denominadas fundaciones filantrópicas) y el medio para conseguirlo es la transformación de los ciudadanos en enfermos crónicos. Y es evidente: las empresas farmacéuticas quieren ganar dinero vendiendo medicamentos y vacunas.  Si la eliminación de enfermedades y la producción de medicamentos efectivos conduce a una reducción en el número de pacientes y por lo tanto en las ganancias, al menos será lógico esperar que los medicamentos sean ineficaces y que las vacunas sean herramientas que sirvan más para propagar enfermedades, que para erradicarlas. Y eso es realmente lo que sucede. ¿Cómo pensar que se promueve la búsqueda de curas y terapias, si quienes las financian se benefician de manera desproporcionada, por medio de la persistencia de las patologías?

Puede parecer difícil convencerse de que quienes deben garantizar la salud quieran asegurar la continuación de las enfermedades: tal cinismo -con toda razón- repele a quienes son ajenos a la mentalidad que se ha instaurado en el sector de la Sanidad. Sin embargo, esto es lo que está sucediendo ante nuestros ojos y no solo involucra a la emergencia del Covid y a las vacunas -en particular las vacunas contra la influenza, que se generalizaron en el año 2019, justamente en aquellas áreas en las que el Covid ha cobrado el mayor número de víctimas-. También involucra a todos los tratamientos, terapias, partos y asistencia a los enfermos. Este cinismo, que asquea al código ético, ve en cada uno de nosotros a una fuente de ingresos, en lugar de ver en cada paciente el rostro de Cristo sufriente. Por lo tanto, apelamos a los muchos médicos católicos y médicos de buena voluntad, para que no traicionen el juramento hipocrático ni el corazón mismo de su profesión, la cual está hecha de misericordia y compasión, de amor por los que sufren y de ayuda desinteresada a los más débiles, recordando las palabras de Nuestro Señor: “Siempre que hacías esto a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hacías” (Mt 25, 40)

La Iglesia Católica, especialmente en las últimas décadas, ha podido intervenir con autoridad en este debate, también gracias a la Pontificia Academia para la Vida, fundada por Juan Pablo II. Sus integrantes, hasta hace algunos años daban indicios de carácter médico-científico, que no entraban en conflicto con los inviolables principios morales de todo católico.

Pero al igual que en la sociedad civil, que hemos atestiguado una pérdida progresiva de la responsabilidad de los individuos y de los gobernantes en las diversas esferas de la vida pública, que incluyen a la atención de la salud, en la “iglesia de la misericordia” nacida en el año 2013, se prefirió adecuar el compromiso de los Dicasterios Pontificios y la Academia para la Vida a una visión líquida, diría perversa, ya que niega la verdad y abraza las exigencias del ambientalismo, con fuertes connotaciones del malthusianismo.  La lucha contra el aborto, que se opone a la desnaturalización pretendida por el Nuevo Orden Mundial, ya no es una prioridad para muchos Pastores. Durante las manifestaciones Provida, como las que se llevaron a cabo en Roma en los últimos años, ¡el silencio y la ausencia de la Santa Sede y de la Jerarquía, fueron vergonzosos!

Obviamente, los principios morales en los que están fundamentadas las reglas que norman el campo médico siguen siendo válidos siempre, y no podría ser de otra manera. La Iglesia es la guardiana de la Enseñanza de Cristo y no tiene autoridad para modificarla o adaptarla a nuestro gusto. Sin embargo, está el desconcierto al presenciar el silencio de Roma, que parece tener más en cuenta los métodos de separación de desperdicios -hasta el punto de escribir una Encíclica-, que la vida de los no nacidos, la salud de los más débiles y la asistencia a los enfermos terminales. Este es sólo un aspecto de un problema mucho mayor, de una crisis mucho más grave, que como he dicho varias veces, se remonta al momento en que la parte desviada de la Iglesia, con lo que una vez fue la Compañía de Jesús a la cabeza, ha tomado el poder haciéndose esclava de la mentalidad del mundo.

Considerando la nueva orientación de la Pontificia Academia para la Vida (cuya presidencia ha sido confiada a un personaje, reconocido por haber dado lo mejor de sí mismo cuando era Obispo de Terni), no podemos esperar ninguna condena de quienes utilizan tejidos fetales de niños que fueron voluntariamente abortados. De hecho, sus miembros esperan la vacunación masiva y la Fraternidad Universal del Nuevo Orden Mundial, contradiciendo con ello, pronunciamientos previos de la propia Academia Pontificia [1]. A esta malformada ola, en días recientes se le ha sumado la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales [2]  que por un lado ha reconocido que “la Iglesia está en contra de la producción de vacunas que utilicen tejidos derivados de fetos abortados  y reconocemos la incomodidad que sienten muchos católicos cuando se enfrentan a la decisión de no vacunar a su hijo o de figurar como cómplices del aborto”,  y sin embargo, luegó en una muy grave contradicción con los principios irreformables dictados por la moral católica [3], [la misma Conferencia] afirmó que “la Iglesia enseña la importancia fundamental de la salud de un niño y de otras personas vulnerables, podría permitir a los padres utilizar una vacuna que en el pasado ha sido desarrollada utilizando estas líneas celulares diploides“. Esta afirmación carece de autoridad doctrinal y más bien se alinea con la ideología dominante promovida por la OMS, cuyo principal patrocinador es Bill Gates así como las empresas farmacéuticas.

Desde un punto de vista moral, para todo católico que pretenda permanecer fiel a su Bautismo, es absolutamente inadmisible aceptar una vacuna que en su proceso de producción utilice materiales de fetos humanos: el Obispo estadounidense Joseph E. Strickland también lo reiteró con autoridad en su Carta Pastoral del pasado 27 de abril [4], así como en uno de sus tuits del pasado 1 de agosto [5].

Por lo tanto, debemos rezar al Señor para que le dé voz a los Pastores, con el fin de crear un frente unido que se oponga al poder excesivo de la élite globalista que quiere subyugarnos a todos.  Hay que recordar que mientras las farmacéuticas únicamente avanzan por la senda del interés económico, en lo ideológico operan personajes que aprovechando la oportunidad de la vacuna, también quieren implantar dispositivos de identificación de personas, y que estas nanotecnologías -me refiero al proyecto ID2020, puntos cuánticos y otros análogos- estén patentadas por los mismos individuos que han patentado los virus así como su vacuna. Además en un delirio de omnipotencia que hasta ayer podría haber sido descartado como una perorata más de los teóricos de la conspiración, pero que hoy  ya se ha iniciado en algunos países, como Suecia y Alemania, se ha patentado un proyecto de criptomonedas para permitir no solo la identificación sanitaria, sino también la identificación personal y bancaria.  Estamos viendo tomar forma ante nuestros ojos a las palabras de San Juan: “Se aseguró de que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, recibieran una marca en la mano derecha y en la frente; y que nadie pudiera comprar ni vender sin tener dicha marca“(Ap. 13, 16-17).

Dada la gravedad de la situación, también debemos pronunciarnos sobre estos aspectos: no podemos quedarnos callados, en caso de que la Autoridad pública hiciera obligatorias vacunas que planteen serios problemas éticos o morales o que más prosaicamente, no garanticen la obtención de los efectos previstos y que se limitan prometer beneficios que desde un punto de vista científico, son absolutamente cuestionables. ¡Que ante este ataque sistemático contra Dios y el hombre, los Pastores de la Iglesia, finalmente, alcen la voz para defender al rebaño que les ha sido confiado!

No olviden, queridas Madres, que se trata de una batalla espiritual -de hecho es una guerra- en la que poderes que nadie ha elegido jamás, y que no tienen otra autoridad que la fuerza y la imposición violenta de su voluntad, intentan demoler todo eso que evoca, aunque sea remotamente, la Paternidad Divina de Dios sobre Sus hijos, el Reinado de Cristo sobre la sociedad y la Maternidad Virginal de María Santísima. Por eso odian mencionar las palabras padre y madre. Para ello quieren una sociedad irreligiosa y rebelde a la Ley de Dios. Por eso promueven el vicio y detestan la virtud. Para ello quieren corromper a los niños y a los jóvenes, asegurando huestes de siervos obedientes para el futuro cercano, en el que se cancela el Nombre de Dios y se blasfema el Sacrificio Redentor de Su Hijo en la Cruz, una Cruz que quieren desterrar porque le recuerda al hombre que el propósito de su vida es la Gloria de Dios, la obediencia a Sus Mandamientos y el ejercicio de la Caridad fraterna: no el placer, no la exaltación propia, no el arrogante abrumador de los débiles.

La inocencia de los niños y su recurso de confiárselos a María Santísima, la Madre Celestial, pueden realmente salvar al mundo: por eso el Enemigo pretende corromperlos, alejarlos del Señor e insinuar en ellos la semilla del mal y del pecado.

Queridas Madres, nunca falten a su deber de proteger a sus hijos no solo en el orden material, sino también -mucho más importante- en el orden espiritual. Cultiven en ellos la vida de la Gracia, con la oración constante, especialmente a través del rezo del Santo Rosario; con la penitencia y el ayuno; con la práctica de Obras de Misericordia Corporales y Espirituales; con la asidua y devota frecuencia de los Sacramentos y de la Santa Misa. Aliméntelos con el Pan de los Ángeles, verdadero alimento para la Vida Eterna y para la defensa de los ataques del Maligno. Mañana serán ciudadanos honestos, padres responsables y protagonistas de la restauración de la sociedad cristiana que el mundo quisiera borrar. Y recen ustedes también, porque la oración es un arma terrible, una verdadera vacuna infalible contra la dictadura perversa que se nos va a imponer.

La ocasión me es grata para asegurarles mis oraciones y para impartirles mi Bendición a ustedes, queridas Madres y a sus hijos, y a todos los que luchan por salvar a nuestros hijos y a cada uno de nosotros, de esta feroz tiranía globalista que está golpeando a nuestra querida Italia.

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo.
15 de agosto del 2020.
Asunción de la Santísima Virgen María.

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[1] Cfr. Pontificia Accademia per la Vita, Nota circa l’uso dei vaccini, 31 Luglio 2017: http://www.academyforlife.va/content/pav/it/the-academy/activity-academy/note-vaccini.html  

[2] Cfr. Conferenza Episcopale dell’Inghilterra e del Galles, The Catholic position on vaccination, https://www.cbcew.org.uk/wp-content/uploads/sites/3/2020/03/catholic-position-on- vaccination-290720.pdf

http://www.vanthuanobservatory.org/ita/vaccini-da-feti-abortiti-e-obiezione-di-coscienza-di- amedeo-rossetti/ https://www.corrispondenzaromana.it/chiesa-cattolica-per-i-vescovi-inglesi-i-vaccini-sono- moralmente-obbligatori/ 

[3] Cfr. Pontificia Accademia per la Vita, Riflessioni morali circa i vaccini preparati a partire da cellule provenienti da feti umani abortiti, 5 Giugno 2005:
https://www.amicidilazzaro.it/index.php/riflessioni-morali-circa-i-vaccini-preparati-a-partire- da-cellule-provenienti-da-feti-umani-abortiti/ 

[4] Mons. Joseph E. Strickland, Pastoral Letter from Bishop Joseph E. Strickland On the Ethical Development of COVID-19 Vaccine, 23 Aprile 2020:
https://stphilipinstitute.org/2020/04/27/pastoral-letter-from-bishop-joseph-e-strickland-on-the- ethical-development-of-covid-19-vaccine/

[5] “I renew my call that we reject any vaccine that is developed using aborted children. Even if it originated decades ago it still means a child’s life was ended before it was born & then their body was used as spare parts. We will never end abortion if we do not END THIS EVIL!”

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Traducción:
Beatriz Eugenia Andrade Iturribarría.

https://www.marcotosatti.com

 

 

LLAMAMIENTO PARA LA IGLESIA Y PARA EL MUNDO a los fieles católicos y a los hombres de buena voluntad. 08.05.2020

LLAMAMIENTO PARA LA IGLESIA Y PARA EL MUNDO

a los fieles católicos y a los hombres de buena voluntad

Veritas liberavit vos Jn 8,32

En un momento de gravísima crisis, los Pastores de la Iglesia Católica, en virtud del mandato que hemos recibido, nos consideramos en el sagrado deber de hacer un llamamiento a nuestros Hermanos en el Episcopado, al Clero, a los Religiosos, al pueblo santo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad. Suscriben también este llamamiento intelectuales, médicos, abogados, periodistas y profesionales diversos que comparten su contenido, y pueden suscribirlo asimismo cuantos deseen adherirse al mismo.

Los hechos han demostrado que, bajo el pretexto de la epidemia de Covid-19 se ha llegado en muchos casos a vulnerar derechos inalienables de los ciudadanos, limitándose de forma desproporcionada e injustificada sus libertades fundamentales, entre ellas el ejercicio de las libertades de culto, de expresión y de movimiento. La salud pública no debe ni puede convertirse en excusa para conculcar los derechos de millones de personas en todo el mundo, y menos aún para que las autoridades civiles eludan su obligación de obrar con prudencia en pro del bien común. Esto es tanto más cierto cuanto más aumentan las dudas planteadas por muchos en torno a la verdadera capacidad de contagio, peligrosidad y resistencia del virus. Muchas voces autorizadas del mundo de la ciencia y de la medicina confirman que el alarmismo que han manifestado los medios informativos al Covid-19 no parece totalmente justificado.

En base a los datos oficiales sobre la incidencia de la epidemia en el número de fallecimientos, tenemos motivos para creer que hay fuerzas interesadas en generar pánico entre la población con el único fin de imponer de modo permanente formas inaceptables de restricción de las libertades, control de las personas y vigilancia de sus movimientos. Esta forma de imposiciones antidemocráticas preludian de manera inquietante un Gobierno Mundial que escapa a todo control.

Creemos igualmente que las medidas de protección adoptadas en algunas situaciones, incluido el cierre de las actividades comerciales, han desencadenado una crisis que ha hundido a sectores enteros de la economía, favoreciendo con ello la interferencia de potencias extranjeras, con graves repercusiones sociales y políticas. Quienes ejerzan cargos gubernamentales deben impedir estas formas de ingeniería social, adoptando medidas encaminadas a la tutela de sus ciudadanos, a quienes representan y en cuyo interés tienen la grave obligación de realizar sus funciones. Ayúdese igualmente a la familia, célula de la sociedad, evitando penalizar irrazonablemente a los débiles y los ancianos al obligarlos a sufrir dolorosas separaciones de sus seres queridos. La criminalización de las relaciones personales y sociales debe considerarse asimismo una parte inaceptable del proyecto de quienes promueven el aislamiento de las personas para manipularlas y dominarlas mejor.

Pedimos a la comunidad científica que vele porque se promuevan honradamente y con miras al bien común curas para el Covid-19, evitando escrupulosamente que intereses inicuos influeyan en las decisiones de los Gobernantes y los organismos internacionales. No es razonable penalizar remedios que se han revelado eficaces, en muchos casos de bajo costo, para privilegiar curas o vacunas no tan eficaces pero que garantizan ingresos mucho mayores a las empresas farmacéuticas, aumentando los costos de la sanidad pública. Como Pastores que somos, recordemos también que para un católico es moralmente inaceptable inocularse con vacunas en cuya producción se ha utilizado material procedente de fetos abortados.

Pedimos asimismo a los Gobernantes que garanticen que se eviten de la forma más rigurosa los medios de control de las personas sea mediante sistemas de rastreo electrónico o cualquier otra forma de ubicación: a pesar de la gravedad de la situación, el combate al Covid-19, no debe servir de pretexto para respaldar turbias intenciones de entidades supranacionales que albergan marcadísimos intereses comerciales y políticos en este proyecto. En particular, debe permitirse a los ciudadanos la posibilidad de rechazar semejantes limitaciones a las libertades personales, sin imponer forma alguna de penalización para quien no desee beneficiarse de las vacunas, de los métodos de localización y de cualquier otro instrumento análogo. Téngase en cuenta la flagrante contradicción que se observa entre quienes persiguen políticas de reducción drastica de la población y al mismo tiempo se presentan como salvadores de la humanidad sin tener la menor legitimación política ni social. Por último, la responsabilidad política de quien representa al pueblo no puede ser confiada en modo alguno a técnicos que encima exigen para ellos mismos formas de inmunidad personal que resultan como mínimo inquietantes.

Solicitamos enérgicamente a los medios de comunicación que se empeñen activamente en facilitar una información correcta que no sancione el disenso aplicando formas de censura, como está sucediendo de forma generalizada en las redes sociales, la prensa y la televisión. La veracidad de la información exige que se dé lugar a voces no alineadas con el pensamiento único para que los ciudadanos puedan evaluar la realidad con conocimiento de causa, sin ser influidos en gran medida por intervenciones partidistas. Un diálogo democrático y franco es el mejor antídoto contra el riesgo de imponer formas sutiles de dictadura presumiblemente peores de las que ha visto nacer y morir nuestra sociedad en épocas recientes.

Recordemos, para terminar, como Pastores a quienes se ha encomendado la importante misión de guiar la grey de Cristo, que la Iglesia reivindica con firmeza su propia autonomía de gobierno, de culto y de predicación. Dicha autonomía y libertad son un derecho de nacimiento que le concedió Nuestro Señor Jesucristo para que cumpla las finalidades que le corresponden. Por este motivo, los Pastores reivindicamos enérgicamente el derecho a decidir de forma autónoma en lo que se refiere a la celebración de la Santa Misa y los Sacramentos, como también exigimos plena autonomía en materias que están dentro de nuestra inmediata competencia y jurisdicción, como por ejemplo las normas litúrgicas y la manera de administrar la Comunión y otros Sacramentos. El Estado no tiene el menor derecho a interferir por motivo alguno en la soberanía de la Iglesia. La colaboración de las Autoridades Eclesiásticas, que jamás ha sido negada, no supone por parte de las civiles

prohibiciones ni limitaciones al culto público o el ministerio sacerdotal. Los derechos de Dios y de los fieles son ley suprema de la Iglesia que ésta no quiere ni puede abrogar. Solicitamos que nos sean retiradas las limitaciones a la celebración del culto público.

Invitamos a las personas de buena voluntad a no sustraerse a su deber de colaborar al bien común, cada cual según su propio estado y posibilidades y en espíritu de Caridad fraterna. Esta cooperación, auspiciada por la Iglesia, no puede prescindir sin embargo del respeto a la ley natural ni a la garantía de las libertades individuales. Los deberes civiles a los que están obligados los ciudadanos suponen el reconocimiento de sus derechos por parte del Estado.

Todos estamos llamados a valorar la situación actual de forma coherente con las enseñanzas del Evangelio, y ello exige tomar partido: o con Cristo o contra Cristo. No nos dejemos intimidar ni asustar por quienes nos hacen creer que somos minoría: el bien está mucho más difundido y es mucho más poderoso de lo que el mundo quiere que creamos. Nos enfrentamos a un enemigo invisible que hace separaciones entre sus ciudadanos, entre los hijos y los padres, entre nietos y abuelos, fieles y pastores, alumnos y docentes, clientes y vendedores. No permitamos que con la excusa de un virus se borren siglos de civilización cristiana para instaurar una odiosa tiranía tecnológica en que personas sin nombre y sin rostro decidan la suerte del mundo confinándonos a una realidad virtual. Si tal es el proyecto que tienen para dominarnos los poderosos de la tierra, sepan que Jesucristo, Rey y Señor de la Historia, ha prometido que «las puertas del Infierno no prevalecerán» (Mt.16,18).

Encomendamos al Dios Todopoderoso a los Gobernantes y a cuantos rigen el destino de las naciones para que los ilumine y oriente en estos momentos de grave crisis. No se olvide que del mismo modo que el Señor nos juzgará a los Pastores según por la grey que nos ha confiado, también juzgará a los Gobernantes por los pueblos a los que tienen la obligación de defender y gobernar.

Roguemos con fe al Señor para que proteja a la Iglesia y al mundo. La Virgen Santísima, Auxilio de los Cristianos, aplaste la cabeza de la vieja Serpiente y frustre los planes de los hijos de las tinieblas.

8 de mayo de 2020

Virgen del Rosario de Pompeya

Para firmar el llamamiento: www.veritasliberabitvos.info