Crepaldi: “La Iglesia nunca confunde la salud con la salvación”. Di Stefano Fontana

Durante el periodo de la pandemia y, más tarde, en la fase de la vacunación en masa, han sido pocos los obispos italianos que han intervenido “como obispos”, es decir, situándose por encima de las directrices políticas del gobierno. Intervenir “como obispo” quiere decir hacerlo, por un lado, a la luz de la fe y, por consiguiente, no con una mirada “administrativa”, porque los obispos no son funcionarios del gobierno; y, por el otro, a la luz de la razón, porque la tarea de la Iglesia es también la de proteger la ley moral natural y el correcto uso de la razón que nos lleva a ella. Una intervención reciente de mons. Giampaolo Crepaldi, obispo de Trieste, entra en esta agradable categoría. Con el título de “Volver a empezar con valor y fe”, la pronunció el pasado 18 de septiembre en el OP Meeting de los dominicos de Bolonia, pero ha sido difundida, también en español e inglés, hace unos días [véase: https://www.vanthuanobservatory.org/ripartire-con-coraggio-e-fede-op-meeting-bologna-mons-giampaolo-crepaldi/].

Con un lenguaje sobrio y lúcido, el obispo hace comprender muchas cosas, a veces entre líneas y otras afirmándolas de manera explícita; todas ellas merecen ser tomadas en consideración. Sus indicaciones atañen a la conciencia, la razón y la fe, y el hecho de haber afrontado de manera tan seria –y “como obispo”– el tema, sin utilizar los eslóganes habituales, hace que prestemos atención a sus palabras.

En lo que se refiere a la conciencia, con una vena de sarcástico realismo Crepaldi ha dicho que muchas “decisiones han sido dictadas por la imitación, la obligación indirecta, la prisa, las palabras de un experto u otro, fiándose de lo que se haya escrito sobre el argumento, en el contexto de una miríada de informaciones confusas y contradictorias en las que a menudo la conciencia naufragaba. […] Las conciencias han sido excesivamente bombardeadas por eslóganes, empujándolas así a valorar precipitadamente para acortar los tiempos que, en cambio, precisamente por este motivo se han prolongado”. A nadie se le escapa el fuerte significado crítico de estas palabras. Por otra parte, Crepaldi no ha tenido miedo en hablar de la Iglesia: “A este respecto debo añadir que también la Iglesia católica habría podido hacer más para proporcionar los instrumentos para un razonamiento personal, según la verdad y la libertad, capaz de analizar con orden los distintos niveles de lo que está en juego”.

Respecto a la razón, el obispo ha observado que “la razón científica no ha sido utilizada por lo que es, es decir, con sus éxitos y sus límites. En algunos casos se ha exaltado la ciencia, yendo mucho más allá de la sabia humildad de muchos científicos, conscientes de su carácter de hipótesis […]. En otros casos ha sido denigrada y acusada de complicidad con el poder político, el cual, por otra parte, hay que reconocerlo, la ha utilizado a menudo para sus propios fines, ocultándose tras la expresión ‘lo dice la ciencia’. Pero qué dice realmente la ciencia es algo que ha quedado en la oscuridad más completa. A pesar de todo, ha influido mucho en las decisiones personales y para muchas personas el juicio científico se ha convertido de inmediato en un juicio ético”. Es realmente difícil negar que esto es lo que ha sucedido. Para la recuperación, el obispo invita a que sea “la razón como tal la que prevalezca sobre el miedo, que siempre es un mal consejero y un instrumento fácil de control, sobre la confianza improvisada y no motivada, sobre la prisa o la necesidad”. El que tenga oídos para oír, que oiga.

Por último, mons. Crepaldi ha hablado sobre la fe. Aquí encontramos un mensaje realmente fuerte aunque, como sucede siempre en su enseñanza, expresado con gran serenidad: “La fe ve todo desde la perspectiva de la perdición y la salvación, también valora las desgracias a la luz de la providencia divina, propone la fe en Dios omnipotente que, normalmente, actúa a través de las causas segundas pero que puede intervenir, a pesar de la perplejidad a este respecto de mucha teología contemporánea, incluso rompiendo, en el milagro, la sucesión de la causalidad natural, lee los acontecimientos de la historia a través de una teología de la historia e invita a todos los hombres a la conversión y el arrepentimiento. La Iglesia nunca confunde la salud, en el sentido sanitario del término, con la salvación”.

Como se puede ver, todavía hay algún obispo que habla “como obispo”.

Stefano Fontana