El rol del dirigente de empresa, según Enrique Shaw (II Parte). Por Germán Masserdotti

En la nota anterior (La Prensa, 18 de febrero de 2021), habíamos caracterizado los tres deberes de servicio, de progreso y de ascension humana “dentro de la empresa” según los explica Enrique Shaw en el trabajo “El papel del dirigente de empresa” (en Problemas humanos de la empresa, Buenos Aires, A. P. A. C.-Ediciones del Atlántico, 1959). Ahora nos extenderemos sobre estos mismos deberes en el plano de la sociedad.

Shaw se detiene en los siguientes puntos: acción individual y colectiva; el dirigente de empresa en relación con otros protagonistas de la vida económica (sus clientes; sus colegas; los sindicatos obreros) y el dirigente de empresa y el bien común.

En primer lugar, nos detendremos en la relación entre el dirigente de empresa y los sindicatos. Shaw observa que, a los sindicatos, “no hay que tenerles fastidio, sino comprensión”. Supuesta la libertad en el campo económico, “los problemas de las empresas deber ser resueltos por los interesados –patronos y sindicatos– de común acuerdo. De lo contrario los resolverá el Estado”. La conclusion de Enrique parece escrita para 2021: “Y el gran problema de la hora presente –viéndolo en su conjunto– no es cómo defenderse de los sindicatos, sino cómo defenderse del Estado”.

Agrega que “la empresa libre sólo puede encontrar seguridad para su desarrollo en una democracia. Y la democracia no existe donde no hay sindicatos, porque su ausencia provoca tal intervencionismo del Estado que mata la libertad política”.

Nos parece que las últimas palabras de Enrique Shaw podrían extenderse a cualquier otro régimen de gobierno mientras procure el bien común político. Este fin de la comunidad política incluye, por cierto, un grado razonable de participación por parte de los ciudadanos independientemente de cuál sea el regimen concreto.

En segundo lugar, Shaw se detiene en explicar, brevemente la relación del dirigente de empresa con el Estado. Afirma que el primero “debe ser leal con el Estado, no sólo cooperando directamente con él, sino también evitando su intervención indebida con solicitudes de privilegios para la propia empresa o sector de actividad. Triste es decirlo, pero muchos y buenos proyectos de «uniones aduaneras», que tanto acercan a los pueblos, se han visto postergados por quienes defienden «intereses creados»”.

Acerca del dirigente de empresa cristiano, sostiene Shaw que “no tiene que «hacer» más que el que no lo es; simplemente tiene que hacer las cosas de modo diferente”. “Como D de E. cristianos –completa la idea– estamos convidados a hacer lo eterno cn lo temporal, a servir a Dios mediante el servicio de los hombres en el terreno económico, a santificarnos a través de la profesión y a santificarla (a la profesión). La función patronal, esclarecida por la unión con Cristo, vivida por los titulares de esa función, tiene un contenido distinto al de la función patronal, aun correctamente ejercida, de un no cristiano”.

El concepto cristiano de la vida económica no ignora las leyes, los imperativos de la economía pero los subordina a la obtención de objetivos valederos.

A propósito de su reflexión sobre el papel del dirigente de empresa cristiano, cita unas palabras del P. Manuel Moledo, entonces asesor de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). Teniendo como punto de partida la parabola del hijo pródigo, y habiendo señalado que la sublime respuesta cristiana a la lucha de clases es la caridad, la Iglesia pide “a aquellos de sus miembros que más han recibido que amen en proporción a su carga, para llevarla bien; les pide que cooperen con la gracia de Dios en esta hora sombría del mundo; les pide, en el cumplimiento de sus deberes de estado, un acto de caridad que los haga más testigos que los demás del inmenso amor de Dios a los hombres”.

Luego de “perfilar” al auténtico dirigente de empresa como un hombre de personalidad, que merece la autoridad (que incluye ser emprendedor; tener dominio de sí; usar la inteligencia; ser comprensivo; que sepa escuchar) y que tiene una auténtica vida espiritual,  concluye Enrique Shaw afirmando que “más que nunca en los tiempos actuales, y a pesar de las dificultades, tienen el deber los Dirigentes de Empresa, como intelectuales y dirigentes, de aportar un mensaje y la luz de la fe al desarrollo de los espíritus, de esforzarse por secundar, a la luz de los principios sociales cristianos, la búsqueda de soluciones adaptadas a las realidades siempre mudables”.

Las palabras y, sobre todo, la unidad de vida de Enrique Shaw, son una lección viviente para la Argentina 2021. Cada época, suele decirse, necesita de los santos que la interpelen  y la reconduzcan al sentido común y cristiano. Se cumple,  y abundantemente, en su caso.

Germán Masserdotti

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