Eutanasia y ayuda al suicidio: dos libros para comprender la actualidad.

Diritto di essere uccisi

En poco tiempo, el derecho italiano, antaño inspirado en el favor vitae, ha visto como se aprobaba con la ley n. 219 del 2017 el derecho del paciente a rechazar o a pedir que se suspendan las terapias y tratamientos de soporte vital, a pesar de las consecuencias letales que ello implica, y a obtenerlo con la colaboración del médico. Tras la disposición n. 207 del 2018 del Tribunal Constitucional, se espera que se deposite la sentencia que reevalúa, en algunas circunstancias, la punibilidad de quien ayuda al suicidio de otras personas, ex art. 580 del código penal.

Dos libros recientes de los que son responsables dos juristas nos ayudan a comprender cómo hemos llegado a este punto y qué implicación tienen las novedades de la ley.

El primer libro ha sido editado por Mauro Ronco, profeso emérito de derecho penal de la Universidad de Padua y presidente del Centro de Estudios Livatino. Su título es: Il “diritto” di essere uccisi: verso la morte del diritto? [El “derecho” a ser asesinados: ¿hacia la muerte del Derecho?], y ha sido publicado este año por la editorial Giappichelli, de Turín. En él se recogen ensayos de juristas y expertos en bioética; el más largo, titulado “Impegno solidale per la vita” [“Compromiso solidario por la vida”], está firmado por el propio Ronco.

En este ensayo se reconstruyen los supuestos culturales que han inspirado la orientación de legisladores y tribunales para pasar del principio de indisponibilidad de la vida humana a la cada vez más extendida derogación de la prohibición de asesinar. Todo ello planteado desde un punto de vista histórico y basándose en una amplia bibliografía de fuentes italianas, francesas, inglesas y alemanas.

En la primera parte (“La lotta contro gli inadatti”; “La lucha contra los inadecuados”), el autor destaca «la irrupción del darwinismo evolucionista en las ciencias sociales y la imposición agresiva de una ciencia biológica que se ha convertido en doctrina política, cuyo fin es cambiar radicalmente la condición humana según una dimensión totalmente atea y materialista», con el fin de favorecer «la creación de una raza humana mejor» mediante la «selección artificial de los más adecuados para el progreso de la sociedad». De aquí surge el movimiento de la eugenesia social y de la higiene racial que llevó, primero, a las leyes de esterilización obligatoria de los sujetos considerados “inadecuados”, como los enfermos mentales y los minusválidos mentales, en países como Alemania, Suecia y Estados Unidos; y, después, a los programas más radicales de asesinato voluntario y de apoyo activo al suicidio, que encontraron un terreno particularmente fértil en el ordenamiento alemán del periodo nacionalsocialista.

Si en este primer periodo el criterio selectivo de la “calidad de la vida” estaba anclado, sobre todo, en principios y objetivos de orden público, salud pública, contención del gasto social y utopías racistas, en la segunda y tercera parte del ensayo el autor explora cómo dicho concepto se ha afinando en la versión radical e individualista que se abrió camino a partir de los años 60, hasta hoy. En el nuevo contexto, la eutanasia y la ayuda al suicidio asistido se justifican sobre todo a la luz del nuevo dogma de la autodeterminación de la persona, a la que se considera titular del derecho a suprimirse a sí misma y, es más, a recibir la colaboración de terceros para alcanzar dicho fin.

Ronco no sólo relata la experiencia comparada sobre el “derecho a morir” (son emblemáticos los casos de los Países Bajos y de Bélgica), sino que también pone en evidencia el recorrido de falsificación lingüística y conceptual adoptado para facilitar la acogida y asimilación de las nuevas experiencias jurídicas. Basta pensar, por ejemplo, en los equívocos creados entre los posibles efectos colaterales de las terapias paliativas y las prácticas de eutanasia activas, o entre la prohibición del ensañamiento terapéutico y la renuncia, en cambio, a medios de cura adecuados y proporcionados.

El autor observa, además, que el criterio de la calidad de vida se inclina, por su naturaleza, a soluciones eutanásicas incluso sin el consentimento del paciente, con la excusa de un supuesto “mejor interés”.

Por lo tanto, concluye Ronco, el único freno a los recorridos de muerte del derecho contemporáneo sólo puede ser la reafirmación del principio de indisponibilidad de la vida humana que se funda, no en la calidad, sino en la irrenunciable dignidad de la misma.

El segundo volumen lo firma Giacomo Rocchi, magistrado, asesor del Tribunal de Apelación, y lleva el título de Licenza di uccidere – La legalizzazione dell’eutanasia in Italia [Licencia para matar. La legalización de la eutanasia en Italia] (Edizioni Studio Domenicano, 2019). Se trata de una obra ágil que, sin renunciar a la precisión técnica, está dirigida a un público más amplio.

Rocchi recorre, sobre todo, el cuadro normativo de la defensa de la vida tal como está establecido por las disposiciones del código penal italiano, que sancionan los reatos cometidos contra ella, en particular el homicidio voluntario, el homicidio consentido y la instigación y ayuda al suicidio. El ordenamiento, a través de estas disposiciones, impide cualquier forma de eutanasia, incluso la realizada “por piedad”.

Para obtener su reconocimiento jurídico, sostiene el autor, se necesitaban, por un lado, una acción cultural dirigida a erosionar la integridad de la protección de la vida humana en cada una de sus fases (como en las batallas que resultaron en la legalización del aborto y de la fecundación artificial); por el otro, la instrumentalización del “consentimiento informado”, con el fin de conseguir el derecho a poder rechazar incluso las terapias que salvan la vida (dicho derecho está arraigado en el párrafo segundo del artículo 32 de la Constitución italiana).

Rocchi pasa, a continuación, a realizar un análisis puntual de la ley n. 219 del 2017, demostrando el claro contenido eutanásico de la misma. Este contenido es más que evidente desde el primer artículo, en el que se consagra, entre otros, el derecho de la persona a la “autodeterminación”. En el artículo 2 se ratifica, además, la obligatoriedad de las conductas médicas que, a petición del paciente, causan la muerte del mismo o que colaboran para obtener dicho resultado. El artículo 3 hace incluso que sea posible la supresión de las personas débiles (menores, minusválidos, las personas obligadas a terapias de soporte) en ausencia o incluso contra su voluntad. La autodeterminación se convierte así en heterodeterminación –mediante la elección del rechazo o la suspensión de organizaciones sanitarias salvavidas- en manos de los padres, tutores, administradores de apoyo, con la intervención de un juez sólo cuando haya oposición por parte del médico. El artículo 4 hace posible, por consiguiente, la eutanasia para todos, incluso en ausencia de un consentimento de facto, a pesar de que exista un acto escrito vinculante (las “disposiciones anticipadas de tratamiento”).

El autor observa cómo esta ley no sólo da un vuelco al derecho a la vida de la persona humana, sino también al papel del médico que, con el fin de beneficiar al paciente, pasa de ser un profesional que actúa según la ciencia y la conciencia a ser un mero técnico ejecutor de las disposiciones del paciente. Toda esta ley está coronada por la ausencia del derecho a la objeción de conciencia, que no está prevista explícitamente, ni se puede deducir implícitamente dado el planteamiento de la normativa.

Cierra el libro una reseña de los casos de eutanasia más recientes y famosos, desde Piergiorgio Welby a DJ Fabo: como un via crucis del derecho a la vida, del cual por desgracia no se ve aún el final.

Marco Ferraresi

Presidente de la Unión Juristas Católicos de Pavia “Beato Contardo Ferrini”

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