La subiduría de los medievales. La filosofía cristiana de san Pablo a Guillermo de Ockham. Prólogo a la edición española.

Stefano Fontana

La subiduría de los medievales

La filosofía cristiana de san Pablo a Guillermo de Ockham

Homo Legens, Madrid 2021

 

Prólogo a la edición española

 

Publicamos el prólogo escrito por Stefano Fontana para la edición española de su libro La Sapienza dei medievali. La filosofia cristiana da San Paolo a Guglielmo di Occam, cuyo título en español es: La sabiduría de los medievales. La filosofía cristiana de San Pablo a Guillermo de Ockham].

La edición española, publicada por Homo Legens (Madrid) – www.homolegens.com – puede adquirirse a través de la página web de la editorial.

La edición italiana, publicada por Fede & Cultura, puede adquirirse en nuestro Observatorio. Para comprarla, pague AQUÍ y escriba a abbonamenti_acquisti@vanthuanobservatory.org

(los gastos de envío a Italia corren de nuestra cuenta)

 

Cuando alguien escribe un libro no lo escribe para un círculo de lectores definido y restringido. Lo escribe para “los lectores”, para todos ellos, para cada uno de ellos. Mi libro nació en Italia pero, desde el principio, estaba destinados a lectores que no fueran solo italianos. Por esta razón estoy contento de que salga publicado en España, para los lectores españoles, también ellos “lectores” como lo son los italianos. Y si además tenemos en cuenta lo que significaron la Edad Media y la filosofía medieval en Italia y en España, y lo mucho que estas tradiciones tienen en común -es decir, la Civilización cristiana-, es evidente que la traducción española ya era potencialmente necesaria en el momento de escribir este libro. Un requisito implícito que ahora la Editorial Homo Legens ha cumplido en el acto.

El título La sabiduría de los medievales nos dice cuál es el contenido del libro, pero es el subtítulo el que aclara el punto de vista y el criterio con el que se trata dicho contenido: La filosofía cristiana de San Pablo a Guillermo de Occam. El punto de vista es, por tanto, “la filosofía cristiana”. Entre la edición italiana y esta edición española he publicado en Italia (Edizioni Fede & Cultura, Verona 2021) un libro precisamente con este título, pero su núcleo originario es este que presento aquí en la edición española. De hecho, el lector encontrará en la Introducción una exposición bastante articulada del concepto de filosofía cristiana, una noción de la que no podemos deshacernos porque ha expresado históricamente y expresa teoréticamente la relación correcta entre la fe católica y la razón.

Esto no significa que los lectores de este libro tengan que ser católicos, puesto que la característica de la filosofía cristiana es que la religión católica no le exige a la filosofía que se transforme en religión, sino que la empuja a ser filosofía hasta el fondo. Hasta los confines del misterio. Efectivamente, solo una filosofía llevada hasta sus extremos confines puede reflexionar correctamente sobre el misterio, mientras que una filosofía positivista, prisionera de meros hechos empíricos, no es capaz de postular la existencia del misterio. Por consiguiente, la religión católica no “bautiza” desde fuera la filosofía convirtiéndola en extrínsecamente católica, no le da una pincelada de catolicidad, sino que más bien la llama plenamente a su misma verdad filosófica, exigiéndole ser hasta el fondo lo que es y ayudándola a serlo. Por esto, el libro es para todos y no solo para los católicos, puesto que expresa la filosofía solo por lo que esta debe ser.

El adjetivo “cristiana” en la expresión “filosofía cristiana” no es un añadido exterior y accidental, sino que configura la esencia misma de la filosofía, en el sentido que equivale a la expresión “filosofía verdadera”. Esto nos dice que la filosofía, para ser realmente filosofía y no religión, debe gozar de una relación esencial con la revelación cristiana sin temer por ello convertirse en otra cosa distinta de lo que es, sino como garantía de poder ser plenamente sí misma sin caer presa de ideologías o intereses partidistas o religiones integristas. No se conculca la libertad de la filosofía, sino que se garantiza por su relación esencial con la religión cristiana (es más, católica), de la que no puede prescindir. Esto significa que la fe católica también es capaz de producir filosofía, no directamente dado que Cristo no es Sócrates, sino indirectamente, proporcionando a la razón filosófica contenidos filosóficos transmitidos por vía religiosa y que la filosofía deberá luego hacer suyos, ahondando en ellos con la razón. El concepto de creación de la nada, fruto de la Revelación, necesita el análisis en profundidad del acto de ser, llevado a cabo por santo Tomás. Por esto, el adjetivo “cristiana” no contradice el sustantivo “filosofía”. Es verdad que en teoría la filosofía puede encontrar muchas verdades solo con sus fuerzas, pero de manera incierta y, en cualquier caso, no son las verdades últimas. Es verdad que Aristóteles no era cristiano y que los cristianos lo veían con sospecha debido a su paganismo; pero también lo es que Aristóteles entra en la Edad Media cristiana de un modo y sale de otro, puesto que santo Tomás no es solo aristotélico, sino que además es quien, a la luz de la fe católica, transformó el aristotelismo, como hizo con otras tradiciones del pensamiento, en una filosofía radicalmente nueva, es decir, en la filosofía cristiana. Y santo Tomás, como nos recuerda Gilson, no empezó por Aristóteles (es decir, la filosofía) para llegar a las Escrituras (es decir, la fe revelada), sino que hizo el recorrido inverso: se preguntó que podía saber de aquello en lo que creía. Por eso la filosofía cristiana no es una pincelada de Aristóteles u otros. Esta prioridad de la fe sobre la razón, que en realidad consiste en una potenciación de la razón y no su reducción, motiva la filosofía cristiana y es la base del verdadero significado del adjetivo “cristiana” en esa expresión.

Cuanto dicho hasta ahora explica también otra cosa curiosa de este libro. En el subtítulo se empieza por san Pablo, que no era filósofo, y se llega a Guillermo de Occam, que destruyó la filosofía cristiana. Nunca he visto libros de historia de la filosofía medieval que iniciaran el periodo analizado no con un filósofo, sino con un apóstol, creyentes y teólogo. No obstante, desde la perspectiva de la filosofía cristiana esto es incluso obvio. La Revelación cristiana, de la que san Pablo fue el gran intérprete, junto al Prólogo de san Juan, para comprenderla en su relación con la razón humana, tiene unos requisitos filosóficos importantes que tienen que ser satisfechos por una filosofía que quiera ser ella misma hasta el fondo.

Espero y deseo que la edición española de este libro pueda ayudar a la cultura hodierna a retomar la relación justa entre razón y fe (católica).

Stefano Fontana